4.12.08

De vergüenzas y memorias

Nunca me gustó la idea de un TC. Me parecía peligrosa, pues podía degenerar en un miniparlamento que legisla en lugar de interpretar la Constitución, tal como muchas veces ha sucedido. Por ello esa labor debe ser exclusiva de la Corte Suprema.

Además, el origen político de sus miembros (¡el Congrezoo los designa!) ha generado que se les nombre a menudo por componendas políticas. Por eso terminamos con un político tradicional y sin mayor lustre jurídico como Lechuzón Alva Orlandini liderándolo o con miembros por cuota política (Magdiel por la izquierda, Landa por los caviares, Bardelli por el PPC, el aprista de turno...).

Y son inamovibles, se desate el escándalo que se desate, como Lechuzón contratando allí a la madre de un hijo extramatrimonial o Magdiel tratando de entrar a la cédula viva con una pensión común... Debieron ser separados inmediatamente.

Hoy vemos un capítulo bochornoso más, con los caviares jugando al W.O. de puros picones para impedir el quórum y que no gane el bloque mayoritario contrario a esa corriente política. Lo que han hecho Landa, Beaumont y Calle es infantil y de vergüenza ajena. Ojalá alguna vez la Corte Suprema tome sus funciones.

- Me preguntan por qué no me simpatiza el caricaturista Juan Acevedo de P.21, caviarón pero simpático. Es que no olvido muchas cosas del pasado y ese señor era un comunista extremista que colaboró a sembrar el odio que cosechó la violencia terrorista de los 80, que nos costó tanto dolor. Miren abajo esas dos caricaturas de la revista Marka de esa época para que me comprendan: en una pone al tibio socialcristiano Bedoya como... ¡un nazi pinochetista, por Dios! y en la otra descalifica a Belaunde, Ulloa y Lechuzón en sus tan débiles intentos por combatir al entonces incipiente terrorismo, buscando maniatar así la defensa de la democracia (y hay peores caricaturas, pero éstas estaban a mano). Ahora escuchas a muchos de estos rojos irresponsables participar y pontificar con su CVR y pasar piolas de sus responsabilidades.

No, no olvido. Otros sí, yo no. Se sufrió demasiado por éstos.

Aldo Mariátegui

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