Por Francisco Miró Quesada Rada. Director
Hace sesenta años, un día como hoy, se proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el documento jurídico más importante en la historia de la humanidad. Pero también un día como hoy, hace sesenta años, el Perú estaba gobernado por un dictador.
Había un gobierno que violaba los derechos humanos de nuestro pueblo y perseguía a políticos por sus ideas, por haber sido autoridades o funcionarios del gobierno anterior.
Estas son las contradicciones que se presentan entre los principios y la acción, una constante en el Perú que, salvo excepciones, no ha podido todavía revertirse. Por ello debemos siempre estar alertas para denunciar las violaciones de los DD. HH. en nuestra sociedad y en el mundo.
No son una entelequia, solo una declaración con extraordinarios buenos propósitos.
Los derechos humanos somos nosotros, todos los peruanos, todos los seres humanos.
Por ello respetarlos es respetar a todos y a cada uno de nosotros. Nuestra vida, nuestro honor y dignidad. Nuestros derechos para acceder a un empleo digno, a la educación, a la salud y a la vivienda. Nuestra libertad para expresarnos y constituir un gobierno, así como darnos nuestras leyes.
También tenemos derecho a un ambiente saludable, a la cultura y a la sana recreación. Pero sobre todo a vivir con justicia, entendida como un valor universal, porque los derechos humanos no tienen fronteras. Son inclusivos y por ello integradores.
Nadie puede quedar excluido de su uso y disfrute por razones de género, color de piel, idioma, pertenecer a una etnia, practicar o no una religión, por nuestras ideas u opiniones sobre temas políticos, económicos, culturales, científicos , filosóficos y artísticos.
Estos derechos no solo nos pertenecen, están en nosotros, son universales. Si viviéramos de acuerdo con ellos, seríamos entonces iguales.
Nacemos con ellos y en consecuencia nunca prescriben a lo largo de nuestra vida. Tampoco son materia de compraventa.
Muchas cosas se pueden decir sobre el comportamiento de la humanidad respecto a los derechos humanos, defendidos por unos e increíblemente cuestionados por otros, pero es innegable, parafraseando a Neil Armstrong, el primer hombre que pisó la Luna, cuando dijo su famosa frase, que son "un enorme salto para la humanidad".
El Comercio les rinde homenaje, e igualmente a todos aquellos que murieron y son perseguidos por promoverlos y defenderlos.
Estamos convencidos de que el mundo sería más justo, libre y fraterno si cumpliéramos con todos y cada uno de los enunciados normativos que se encuentran en la también llamada Carta de las Naciones Unidas firmada en la ciudad de San Francisco el 26 de junio de 1945
Hace sesenta años, un día como hoy, se proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el documento jurídico más importante en la historia de la humanidad. Pero también un día como hoy, hace sesenta años, el Perú estaba gobernado por un dictador.
Había un gobierno que violaba los derechos humanos de nuestro pueblo y perseguía a políticos por sus ideas, por haber sido autoridades o funcionarios del gobierno anterior.
Estas son las contradicciones que se presentan entre los principios y la acción, una constante en el Perú que, salvo excepciones, no ha podido todavía revertirse. Por ello debemos siempre estar alertas para denunciar las violaciones de los DD. HH. en nuestra sociedad y en el mundo.
No son una entelequia, solo una declaración con extraordinarios buenos propósitos.
Los derechos humanos somos nosotros, todos los peruanos, todos los seres humanos.
Por ello respetarlos es respetar a todos y a cada uno de nosotros. Nuestra vida, nuestro honor y dignidad. Nuestros derechos para acceder a un empleo digno, a la educación, a la salud y a la vivienda. Nuestra libertad para expresarnos y constituir un gobierno, así como darnos nuestras leyes.
También tenemos derecho a un ambiente saludable, a la cultura y a la sana recreación. Pero sobre todo a vivir con justicia, entendida como un valor universal, porque los derechos humanos no tienen fronteras. Son inclusivos y por ello integradores.
Nadie puede quedar excluido de su uso y disfrute por razones de género, color de piel, idioma, pertenecer a una etnia, practicar o no una religión, por nuestras ideas u opiniones sobre temas políticos, económicos, culturales, científicos , filosóficos y artísticos.
Estos derechos no solo nos pertenecen, están en nosotros, son universales. Si viviéramos de acuerdo con ellos, seríamos entonces iguales.
Nacemos con ellos y en consecuencia nunca prescriben a lo largo de nuestra vida. Tampoco son materia de compraventa.
Muchas cosas se pueden decir sobre el comportamiento de la humanidad respecto a los derechos humanos, defendidos por unos e increíblemente cuestionados por otros, pero es innegable, parafraseando a Neil Armstrong, el primer hombre que pisó la Luna, cuando dijo su famosa frase, que son "un enorme salto para la humanidad".
El Comercio les rinde homenaje, e igualmente a todos aquellos que murieron y son perseguidos por promoverlos y defenderlos.
Estamos convencidos de que el mundo sería más justo, libre y fraterno si cumpliéramos con todos y cada uno de los enunciados normativos que se encuentran en la también llamada Carta de las Naciones Unidas firmada en la ciudad de San Francisco el 26 de junio de 1945



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