5.2.09

Alentando al invasor

En el Perú, lo temporal se vuelve permanente y lo excepcional –“por esta única vez”– se repite muchas veces. Desde la década del cincuenta, cuando se aceleró el proceso de migración interna, se han producido innumerables incidentes de invasiones de tierras, en las cuales se han desarrollado populosos asentamientos humanos. Sin embargo, hasta el día de hoy no hay una respuesta integral del Estado que haya logrado evitar la creciente marginalización de una parte de la población e, incluso, sigue recurriendo –cinco décadas más tarde– al facilismo del borrón y cuenta nueva para el invasor.

Así tenemos que desde el gobierno de Prado se vienen promulgando leyes formalizando la propiedad del que tiene la posesión, al margen de que el acto inicial de obtención del predio haya sido una ilegal invasión. Siempre se justifica la ley diciendo que es para solucionar una realidad social y haciendo la salvedad de que es por única vez. El hecho es que, durante medio siglo, sin falta, siempre se ha recompensado a todos aquellos que se apropiaron ilícita y violentamente de la propiedad de un tercero. Con ese antecedente no es sorprendente que la corriente de invasiones y tráfico de terrenos ajenos sea hoy, incluso, más activa que cuando se inició el proceso de migración.

En realidad, sucesivos gobiernos han caído en el facilismo –perdón, quise decir pragmatismo– de evitarse conflictos sociales y, simplemente, reconocer como irreversible una situación de hecho. Más aún, estamos seguros de que, tanto ayer como hoy, tuvo mucho peso en la toma de decisión la posibilidad de que una ley de formalización pueda redituar al gobierno de turno o al proponente del proyecto un gran beneficio electoral.

Por otro lado, el sostener valientemente el estado de derecho, haciendo respetar la inviolabilidad de la propiedad y consolidar de esa manera el imperio de la ley en nuestra sociedad, es un objetivo de muy largo plazo para interesar a políticos que necesitan ser reelegidos cada cinco años y, para ello, más efectivo es el populismo.

Lamentablemente, el daño ya está hecho y con la aprobación de esta nueva ley de formalización, sin duda alguna, se fomentará aún más el negocio de la invasión. No podría ser de otra manera, ya que el traficante de tierras tiene la absoluta seguridad de que los predios que invada serán, tarde o temprano, de su propiedad.

PERU 21

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