Por Mirko Lauer
La defensa política de Alberto Fujimori y varios de sus seguidores se ha centrado en la presentación de sus 10 años como un tiempo pasado en que todo fue mejor. Además han apuntado a un porcentaje de los encuestados que piensa más o menos así. Lo cual abre la cuestión de qué sucederá con el fujimorismo en las próximas elecciones.
Para que ese proyecto prospere se necesitaría algo más que las simpatías actuales, ubicadas por debajo del 20% de la intención de voto. Se necesitaría que la derecha, la electoral y la económica, se convenza de la conveniencia de un gobierno criptogolpista, con un discurso autoritario y un ánimo revanchista contra pueblos, partidos e instituciones.
Pues el fujimorismo en las actuales condiciones representa una división de la derecha, entre un pensamiento liberal y un pensamiento autoritario. En uno de los escenarios posibles los candidatos de cada tendencia competirán por ser el que intente frenar al candidato de la protesta social en la segunda vuelta.
Sin embargo no todos los actuales votos del fujimorismo están en la derecha, en un sentido amplio, sino dispersos por todo el archipiélago de las ideologías formales. Keiko Fujimori en abstracto sin duda representa hoy una narración mediática más atractiva que las demás. Falta saber todavía cuán política puede ser esa narración.
En otras palabras, ¿puede la Sra. de Villanella recuperar los votos que el fujimorismo perdió a manos de Ollanta Humala en las pasadas elecciones? Una parte depende de Humala y su planteamiento de un frente de izquierda para el 2011. La otra parte depende de los hábitos del electorado, y su conocido gusto por reelegir o por elegir candidatos nuevos.
Las perspectivas del fujimorismo no son tan rosadas rosado como ellos las pintan. Su candidata está en el grupo de punteros, pero es la única que está haciendo campaña en serio y con recursos económicos serios. Una campaña con el suelo parejo probablemente revelaría rápido las profundas diferencias de capacidad entre el papá y la hija.
El fervor fujimorista de estas semanas está directamente vinculado a la lucha por la libertad de su líder, una tarea que siempre se presenta en blanco y negro. Pero qué piensan hacer en un país donde SL ahora no es una amenaza tan grande y no hay hiperinflación es un misterio, y ese hueco negro no dejará de reflejarse en una campaña electoral.
Luego está el tema, ya mencionado en esta columna, de si el fujimorismo puede garantizar una conducta democrática desde el gobierno. No parece tener muchas ganas de hacerlo, y por el momento ni siquiera está garantizando que Vladimiro Montesinos no vuelva a hacerse del control de la Fuerza Armada y del Poder Judicial.
La defensa política de Alberto Fujimori y varios de sus seguidores se ha centrado en la presentación de sus 10 años como un tiempo pasado en que todo fue mejor. Además han apuntado a un porcentaje de los encuestados que piensa más o menos así. Lo cual abre la cuestión de qué sucederá con el fujimorismo en las próximas elecciones.
Para que ese proyecto prospere se necesitaría algo más que las simpatías actuales, ubicadas por debajo del 20% de la intención de voto. Se necesitaría que la derecha, la electoral y la económica, se convenza de la conveniencia de un gobierno criptogolpista, con un discurso autoritario y un ánimo revanchista contra pueblos, partidos e instituciones.
Pues el fujimorismo en las actuales condiciones representa una división de la derecha, entre un pensamiento liberal y un pensamiento autoritario. En uno de los escenarios posibles los candidatos de cada tendencia competirán por ser el que intente frenar al candidato de la protesta social en la segunda vuelta.
Sin embargo no todos los actuales votos del fujimorismo están en la derecha, en un sentido amplio, sino dispersos por todo el archipiélago de las ideologías formales. Keiko Fujimori en abstracto sin duda representa hoy una narración mediática más atractiva que las demás. Falta saber todavía cuán política puede ser esa narración.
En otras palabras, ¿puede la Sra. de Villanella recuperar los votos que el fujimorismo perdió a manos de Ollanta Humala en las pasadas elecciones? Una parte depende de Humala y su planteamiento de un frente de izquierda para el 2011. La otra parte depende de los hábitos del electorado, y su conocido gusto por reelegir o por elegir candidatos nuevos.
Las perspectivas del fujimorismo no son tan rosadas rosado como ellos las pintan. Su candidata está en el grupo de punteros, pero es la única que está haciendo campaña en serio y con recursos económicos serios. Una campaña con el suelo parejo probablemente revelaría rápido las profundas diferencias de capacidad entre el papá y la hija.
El fervor fujimorista de estas semanas está directamente vinculado a la lucha por la libertad de su líder, una tarea que siempre se presenta en blanco y negro. Pero qué piensan hacer en un país donde SL ahora no es una amenaza tan grande y no hay hiperinflación es un misterio, y ese hueco negro no dejará de reflejarse en una campaña electoral.
Luego está el tema, ya mencionado en esta columna, de si el fujimorismo puede garantizar una conducta democrática desde el gobierno. No parece tener muchas ganas de hacerlo, y por el momento ni siquiera está garantizando que Vladimiro Montesinos no vuelva a hacerse del control de la Fuerza Armada y del Poder Judicial.



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