Son pocos los diarios en el mundo que pasan el siglo y menos los que llegan a los 170 años, hecho que nos llena de orgullo, pero también de gratitud a nuestros lectores y al país.
¿Pero cuál es el secreto de la permanencia y la longevidad? Como lo señalaron nuestros fundadores al instituir el lema inicial de “Orden, libertad y saber”, el Diario nació con una gran preocupación ética por el bienestar de la nación y para servir a sus lectores. Ello a través del tratamiento objetivo de la información y la mayor honestidad, convicción y ponderación en la opinión a través de una línea editorial coherente y no sujeta a los vaivenes del trajinar político del país.
Puede precisarse que, desde su primer ejemplar y hasta el presente, El Comercio no ha sido órgano ni portavoz de ningún partido político, ni ha recibido subvenciones gubernamentales o de grupos de poder nacionales o extranjeros. Ha vivido y vive del respaldo de su público, de sus lectores y anunciantes, que le han entregado una confianza que jamás ha sido defraudada.
Esta lealtad a lo que nunca cambia —los valores y principios— es lo que explicaría no solo la larga existencia de un medio, sino también el haber sido reconocido como una institución nacional.
El afán de orden se explica por el clima de inestabilidad política que vivía el Perú en 1839, apenas 15 años después de la consolidación de la independencia, cuando vio la luz el primer número de El Comercio. Y la libertad implica no solo aprender a vivir fuera del yugo español, sino también asumir responsabilidades propias del sistema democrático, que no se agotan en la lucha contra la esclavitud, sino que van más allá, a caballo entre tres siglos (del XIX inicial hasta el XXI que empezamos), para entender y consolidar lo que llamamos peruanidad e institucionalidad. En cuanto al saber, alude a la apuesta por la persona humana y su formación en valores y conocimientos, con lo cual pueda trascender, realizarse y contribuir al desarrollo del país.
Con el paso de los años, El Comercio se torna en testigo privilegiado y protagonista de la historia del Perú republicano, lo que nos obliga a reafirmar, a través de un nuevo lema, nuestro férreo compromiso con la “Independencia y veracidad” periodísticas.
Solo así pueden entenderse campañas tan arduas contra la esclavitud, en defensa del petróleo peruano, apoyando el conocimiento del país a través del Plan Perú, promoviendo cambios en la educación o denunciando los excesos de gobiernos autoritarios que conculcan la libertad de prensa y los esquemas de corrupción estatal.
Y así como somos coherentes en el fondo, somos también consecuentes con el devenir histórico y los avances tecnológicos.
El Comercio, “Un viejo diario con ideas nuevas”, ha sido pionero e innovador en todo sentido, con modernas rotativas, la incorporación de la fotografía y el color, así como el desarrollo de nuevos productos en el mercado editorial local, tanto de prensa escrita y soporte de nuevas tecnologías de la información, como de televisión por cable y señal abierta, que abren un abanico de posibilidades a nuestro público.
Hoy, cuando cumplimos 170 años, hacemos un alto en la labor para renovar nuestro compromiso con el Perú democrático, en paz, grande, socialmente responsable, justo y solidario, a través de un diario mejor, moderno y renovado, pero que mantiene la esencia invariable que trazaron los fundadores y que han sabido mantener nuestros directores, acompañados por un equipo humano y profesional que constituye lo que llamamos la familia de El Comercio.
EL COMERCIO
¿Pero cuál es el secreto de la permanencia y la longevidad? Como lo señalaron nuestros fundadores al instituir el lema inicial de “Orden, libertad y saber”, el Diario nació con una gran preocupación ética por el bienestar de la nación y para servir a sus lectores. Ello a través del tratamiento objetivo de la información y la mayor honestidad, convicción y ponderación en la opinión a través de una línea editorial coherente y no sujeta a los vaivenes del trajinar político del país.
Puede precisarse que, desde su primer ejemplar y hasta el presente, El Comercio no ha sido órgano ni portavoz de ningún partido político, ni ha recibido subvenciones gubernamentales o de grupos de poder nacionales o extranjeros. Ha vivido y vive del respaldo de su público, de sus lectores y anunciantes, que le han entregado una confianza que jamás ha sido defraudada.
Esta lealtad a lo que nunca cambia —los valores y principios— es lo que explicaría no solo la larga existencia de un medio, sino también el haber sido reconocido como una institución nacional.
El afán de orden se explica por el clima de inestabilidad política que vivía el Perú en 1839, apenas 15 años después de la consolidación de la independencia, cuando vio la luz el primer número de El Comercio. Y la libertad implica no solo aprender a vivir fuera del yugo español, sino también asumir responsabilidades propias del sistema democrático, que no se agotan en la lucha contra la esclavitud, sino que van más allá, a caballo entre tres siglos (del XIX inicial hasta el XXI que empezamos), para entender y consolidar lo que llamamos peruanidad e institucionalidad. En cuanto al saber, alude a la apuesta por la persona humana y su formación en valores y conocimientos, con lo cual pueda trascender, realizarse y contribuir al desarrollo del país.
Con el paso de los años, El Comercio se torna en testigo privilegiado y protagonista de la historia del Perú republicano, lo que nos obliga a reafirmar, a través de un nuevo lema, nuestro férreo compromiso con la “Independencia y veracidad” periodísticas.
Solo así pueden entenderse campañas tan arduas contra la esclavitud, en defensa del petróleo peruano, apoyando el conocimiento del país a través del Plan Perú, promoviendo cambios en la educación o denunciando los excesos de gobiernos autoritarios que conculcan la libertad de prensa y los esquemas de corrupción estatal.
Y así como somos coherentes en el fondo, somos también consecuentes con el devenir histórico y los avances tecnológicos.
El Comercio, “Un viejo diario con ideas nuevas”, ha sido pionero e innovador en todo sentido, con modernas rotativas, la incorporación de la fotografía y el color, así como el desarrollo de nuevos productos en el mercado editorial local, tanto de prensa escrita y soporte de nuevas tecnologías de la información, como de televisión por cable y señal abierta, que abren un abanico de posibilidades a nuestro público.
Hoy, cuando cumplimos 170 años, hacemos un alto en la labor para renovar nuestro compromiso con el Perú democrático, en paz, grande, socialmente responsable, justo y solidario, a través de un diario mejor, moderno y renovado, pero que mantiene la esencia invariable que trazaron los fundadores y que han sabido mantener nuestros directores, acompañados por un equipo humano y profesional que constituye lo que llamamos la familia de El Comercio.
EL COMERCIO



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