Si alguien quisiera traerse abajo un gabinete, una buena manera de lograrlo es dar la impresión a la población de que sus miembros son débiles. Así tenemos que el paro de los nativos amazónicos va cumpliendo dos meses, la lista de demandas aumenta diariamente y las pretensiones de los líderes se vuelven ilimitadas, ya que están compitiendo por ser Evo, mientras que no parece probable que se logre una solución sin violencia. Un incidente que fácilmente pudo solucionarse en una mesa de diálogo va camino a terminar en otro 'Arequipazo’.
Incluso ayer pudieron afectar el gasoducto de Camisea –del cual depende el 30% de la generación y que, de haberse obstaculizado, habría producido apagones generalizados–, para sumar al cierre del oleoducto norperuano, que ya cuesta 30 mil barriles diarios.
¿Cómo se llegó a esta absurda y peligrosa situación? Inicialmente se pensó que se trataba de otra muestra más de ineficiencia estatal. Sin embargo, ahora va quedando la sensación de que Simon ha sido objeto de una emboscada, pues la unidad a cargo de resolver el conflicto, que increíblemente no hizo nada por semanas y permitió que la protesta escalara, está a cargo del mismo partidario desde el anterior premierato. Más aún, el argumento con el que se excusaron, de que se había delegado a los gobiernos regionales la responsabilidad de solucionarlo, no tiene ningún sentido al tratarse de un movimiento descentralizado. Es realmente extraño que hayan actuado con tanto relajo en un tema tan álgido.
Más bien, parecería que, después de ocho meses en el exilio, algunos compañeros consideran que ya es hora de retornar al Ejecutivo y que a la pasantía del actual premier ya se le venció el plazo. Por ello, dando muestras de impaciencia, ya no saben cómo hacer para serrucharle el piso, como retirarse del Pleno, como si todos los congresistas apristas estuvieran en la etapa del desarrollo y no pudieran aguantar sin almorzar pasado el mediodía.
Con esa movida lograrían –desde su punto de vista– no solo un paso más en el copamiento partidario del Estado sino que, con el retorno al gabinete, algunos pretenderían haberse limpiado de la cara la corrupción que los embarró desde los 'petroaudios’. Sin embargo, si ocurriera lo que estamos especulando, quedaría un gobierno sin credibilidad alguna, pese a que aún le restan dos años.
Incluso ayer pudieron afectar el gasoducto de Camisea –del cual depende el 30% de la generación y que, de haberse obstaculizado, habría producido apagones generalizados–, para sumar al cierre del oleoducto norperuano, que ya cuesta 30 mil barriles diarios.
¿Cómo se llegó a esta absurda y peligrosa situación? Inicialmente se pensó que se trataba de otra muestra más de ineficiencia estatal. Sin embargo, ahora va quedando la sensación de que Simon ha sido objeto de una emboscada, pues la unidad a cargo de resolver el conflicto, que increíblemente no hizo nada por semanas y permitió que la protesta escalara, está a cargo del mismo partidario desde el anterior premierato. Más aún, el argumento con el que se excusaron, de que se había delegado a los gobiernos regionales la responsabilidad de solucionarlo, no tiene ningún sentido al tratarse de un movimiento descentralizado. Es realmente extraño que hayan actuado con tanto relajo en un tema tan álgido.
Más bien, parecería que, después de ocho meses en el exilio, algunos compañeros consideran que ya es hora de retornar al Ejecutivo y que a la pasantía del actual premier ya se le venció el plazo. Por ello, dando muestras de impaciencia, ya no saben cómo hacer para serrucharle el piso, como retirarse del Pleno, como si todos los congresistas apristas estuvieran en la etapa del desarrollo y no pudieran aguantar sin almorzar pasado el mediodía.
Con esa movida lograrían –desde su punto de vista– no solo un paso más en el copamiento partidario del Estado sino que, con el retorno al gabinete, algunos pretenderían haberse limpiado de la cara la corrupción que los embarró desde los 'petroaudios’. Sin embargo, si ocurriera lo que estamos especulando, quedaría un gobierno sin credibilidad alguna, pese a que aún le restan dos años.



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