3.6.09

¿Por qué lanza La Paz piedras a Lima?

Por Mirko Lauer

La lista de hipótesis sobre por qué Evo Morales viene haciendo declaraciones contra Alan García, y ahora último sobre temas peruanos en general, es larga. Destacan la ideología, la política interna boliviana, la presión de intereses de Caracas o de Santiago, la furia por haber asilado a dos perseguidos bolivianos, la imitación de Hugo Chávez, la inercia de pasadas confrontaciones verbales.

Acaso la versión más elaborada es que Morales ve en un resultado a favor del Perú en el juicio de La Haya un debilitamiento de las opciones bolivianas de salir al Océano Pacífico en algún momento. En algún momento Morales ha expresado un deseo de ir también él a La Haya con su problema, pero no ha elaborado sobre el tema, aunque sí podría decirse que ha intentado geopolitizarlo.

Con tantas explicaciones el asunto es un enigma. Sobre todo porque esta no es una mala hora para Morales: su oposición de derecha está debilitada, la economía no marcha tan mal, el país ha encontrado un lugar cómodo en el archipiélago bolivariano de la región, y las cercanas elecciones no parece depararle sorpresas. No parece, pues, el momento para fabricarse nuevos enemigos externos.

Sin embargo allí está el encono, que está desbordando el simple cambio de palabras. En la zona marginal radicalizadísima de La Paz llamada El Alto se viene levantando una fuerte presión contra los inmigrantes peruanos, y en un momento hubo un esbozo de cerco al consulado peruano en el lugar. La amenaza ha sido levantada, pero el mensaje es claro: la mala relación con lo peruano es muy fácil de escalar.

La Cancillería peruana ha terminado compartiendo la perplejidad general. Luego de meses de afiladas respuestas, el ministro José Antonio García Belaunde ha declarado que el gobierno no responderá las declaraciones de Morales sobre las opciones del Perú en el juicio de La Haya. Los gestos de normalización no han empezado todavía, y se habla de la conveniencia de buscar un amable componedor, siempre Lula.

La oposición peruana hace notar que García también ha tenido expresiones duras sobre Bolivia, sobre todo en el tema sensible de la salida al mar, y menciona un manejo diplomático displicente del vecino bolivariano. Lo que hay, más bien, es una relación complicada desde el mismo año 2006, en que Morales asistió a la toma de mando de García. La conflictividad era bastante previsible.

Con elecciones programadas para este diciembre, Morales está de lleno en campaña. Una encuesta Ipsos le da 41% de intención de voto, y todavía no aparece el candidato de una oposición unificada. No sabemos de cifras sobre si tirar piedras contra Lima le da más o menos votos, pero podemos sospechar que eso va a influir en futuras declaraciones de Morales.

EL COMERCIO

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