Por Mirko Lauer
Más que en una guerra fría, en estos tiempos América Latina parece inmersa en una guerra de relaciones públicas por ganarse la simpatía del hemisferio norte. La idea de que el bolivarianismo tiene perdida esa segunda guerra por su proximidad a los sueños de Hugo Chávez debe ser revisada ahora que ya no está George Bush.
Una nota elogiosa sobre el presidente ecuatoriano Rafael Correa en The New Yorker de esta semana hace pensar que los presidentes del ALBA no son vistos como de talla única. No parece haber, además, una tensión especial entre el chavismo y los EEUU, que dan incluso la sensación de resistirse a considerar a los países del ALBA como un conjunto.
En tiempos de Bush era de sentido común que tomar distancia clara de Caracas permitía ganar puntos en Washington. Ahora que con los demócratas en el poder todo se ha movido un poco hacia la izquierda, y empiezan a aparecer chavistas de derecha, esa idea de los beneficios automáticos de un antichavismo militante podría ser revisada.
La mirada del hemisferio norte es, en todo sentido, otro continente. Acabamos de ver la fuerte corriente de simpatía por los indígenas, que llevó a algunos de los medios de más peso en el mundo a comprarse una visión en blanco y negro, en varios casos con el gobierno peruano pintado desde villano hasta genocida.
En su intento de defenderse y establecer los hechos el gobierno terminó enfrentado a algunas de las instituciones más prestigiosas del norte. La sensación es que ha estado a un paso de ser mirado como un gobierno democrático, pero políticamente incorrecto. Irónicamente, esa es una de las cosas que se dicen de algunos regímenes chavistas.
Quizás el gobierno se está acercando al momento en que tendrá que empezar a promover los méritos de su modelo entre quienes ayer parecían sus mayores fans. No descartemos que el impulso interno de demolición de la imagen de Alan García viaje mucho mejor por el mundo que las cifras positivas de la campaña de medios El Perú avanza.
Más ironía: Correa en su paso por la ONU en Nueva York esta semana se dedicó a decir más o menos las mismas cosas que García decía en 1985. A diferencia de aquellos años, hoy casi nadie levanta una ceja frente a este tipo de discurso. Más bien muchos lo considerarán una forma distinta de gobernabilidad dentro de la matriz de la globalización.
El último Foreign Affairs dedica un texto a sugerir que la nueva narcoviolencia mexicana se debe al abandono del modelo PRI de gobernabilidad, y otro a debatir el revival autoritario en el mundo. Aquí se dice que los crecientes conflictos tienen que ver con el inédito crecimiento económico. Parece, pues, que los cambios no son solo climáticos.
LA REPUBLICA
Más que en una guerra fría, en estos tiempos América Latina parece inmersa en una guerra de relaciones públicas por ganarse la simpatía del hemisferio norte. La idea de que el bolivarianismo tiene perdida esa segunda guerra por su proximidad a los sueños de Hugo Chávez debe ser revisada ahora que ya no está George Bush.
Una nota elogiosa sobre el presidente ecuatoriano Rafael Correa en The New Yorker de esta semana hace pensar que los presidentes del ALBA no son vistos como de talla única. No parece haber, además, una tensión especial entre el chavismo y los EEUU, que dan incluso la sensación de resistirse a considerar a los países del ALBA como un conjunto.
En tiempos de Bush era de sentido común que tomar distancia clara de Caracas permitía ganar puntos en Washington. Ahora que con los demócratas en el poder todo se ha movido un poco hacia la izquierda, y empiezan a aparecer chavistas de derecha, esa idea de los beneficios automáticos de un antichavismo militante podría ser revisada.
La mirada del hemisferio norte es, en todo sentido, otro continente. Acabamos de ver la fuerte corriente de simpatía por los indígenas, que llevó a algunos de los medios de más peso en el mundo a comprarse una visión en blanco y negro, en varios casos con el gobierno peruano pintado desde villano hasta genocida.
En su intento de defenderse y establecer los hechos el gobierno terminó enfrentado a algunas de las instituciones más prestigiosas del norte. La sensación es que ha estado a un paso de ser mirado como un gobierno democrático, pero políticamente incorrecto. Irónicamente, esa es una de las cosas que se dicen de algunos regímenes chavistas.
Quizás el gobierno se está acercando al momento en que tendrá que empezar a promover los méritos de su modelo entre quienes ayer parecían sus mayores fans. No descartemos que el impulso interno de demolición de la imagen de Alan García viaje mucho mejor por el mundo que las cifras positivas de la campaña de medios El Perú avanza.
Más ironía: Correa en su paso por la ONU en Nueva York esta semana se dedicó a decir más o menos las mismas cosas que García decía en 1985. A diferencia de aquellos años, hoy casi nadie levanta una ceja frente a este tipo de discurso. Más bien muchos lo considerarán una forma distinta de gobernabilidad dentro de la matriz de la globalización.
El último Foreign Affairs dedica un texto a sugerir que la nueva narcoviolencia mexicana se debe al abandono del modelo PRI de gobernabilidad, y otro a debatir el revival autoritario en el mundo. Aquí se dice que los crecientes conflictos tienen que ver con el inédito crecimiento económico. Parece, pues, que los cambios no son solo climáticos.
LA REPUBLICA



No hay comentarios:
Publicar un comentario