Por Augusto Álvarez Rodrich
alvarezrodrich@larepublica.com.pe
¿Por qué critican tanto al SNIP?
Cada cierto tiempo, el gobierno arremete contra el siempre vilipendiado Sistema Nacional de Inversión Pública (SNIP) y lo usa como chivo expiatorio de su propia incapacidad para ejecutar la inversión con agilidad y eficiencia. Ocurría con Alejandro Toledo, y sucede con Alan García, quienes en esto, como en varias otras cosas, parecen cortados por la misma tijera.
Todos los indicadores del ritmo de la inversión pública, a cualquier nivel del Estado, concluyen que esta avanza con una pachocha espantosa. En el primer semestre sólo se pudo ejecutar el 22.3% del total previsto para todo el año 2009.
En el gobierno central, el peor es el Ministerio del Interior, que solo concretó el 2.9% del total de la inversión pública prevista para todo el año. Entre los gobiernos regionales, los peores son los de Tacna y Ancash, que tienen los índices de ejecución presupuestal más bajos: 6.6 y 6.1%, respectivamente. Entre los distritos de Lima Metropolitana, el que está en la cola es San Miguel con sólo 4.2%. Y del ‘óbolo’ minero solo se ha ejecutado 33%. La cosa es para llorar.
El presidente García se llena la boca criticando a los gobiernos locales, especialmente al de Trujillo por la derrota histórica que ahí tuvo el Apra, pero la inversión pública hace agua por donde se vea el barco estatal.
El efecto de este retraso generalizado es muy grave: achata el crecimiento económico en un contexto de crisis internacional al atrasar el Plan de Estímulo Económico; mella la calidad de vida de la población al demorar obra pública necesaria; y profundiza la sensación de que el manejo económico no produce beneficios para el ciudadano más pobre.
A los gobiernos nunca les gusta reconocer errores, y entonces, buscan un biombo para esconder su propia incapacidad y lo suelen ubicar en el SNIP. Esto es falso porque la obra se retrasa básicamente por: burocracia incompetente; demoras en obtención de autorizaciones ambientales, arqueológicas, de disponibilidad de agua o de los ministerios de Educación y Salud; falta de saneamiento legal; y estudios deficientes.
Ninguna de esas razones tiene que ver con el SNIP. De la inversión prevista para el 2009, solo 1% del gobierno central está pendiente de viabilidad; de los gobiernos regionales, solo 7%; y de los gobiernos locales, 24%.
Ninguna flexibilización adicional al sistema va a acelerar la inversión pública y, en cambio, sí fomentaría menor transparencia en la obra pública. Los que critican al SNIP lo hacen por ignorancia o por que están interesados en profundizar la corrupción con obras hechas a la medida del bolsillo de la empresa que ejecuta la obra y del funcionario que la autoriza.
LA REPUBLICA
alvarezrodrich@larepublica.com.pe
¿Por qué critican tanto al SNIP?
Cada cierto tiempo, el gobierno arremete contra el siempre vilipendiado Sistema Nacional de Inversión Pública (SNIP) y lo usa como chivo expiatorio de su propia incapacidad para ejecutar la inversión con agilidad y eficiencia. Ocurría con Alejandro Toledo, y sucede con Alan García, quienes en esto, como en varias otras cosas, parecen cortados por la misma tijera.
Todos los indicadores del ritmo de la inversión pública, a cualquier nivel del Estado, concluyen que esta avanza con una pachocha espantosa. En el primer semestre sólo se pudo ejecutar el 22.3% del total previsto para todo el año 2009.
En el gobierno central, el peor es el Ministerio del Interior, que solo concretó el 2.9% del total de la inversión pública prevista para todo el año. Entre los gobiernos regionales, los peores son los de Tacna y Ancash, que tienen los índices de ejecución presupuestal más bajos: 6.6 y 6.1%, respectivamente. Entre los distritos de Lima Metropolitana, el que está en la cola es San Miguel con sólo 4.2%. Y del ‘óbolo’ minero solo se ha ejecutado 33%. La cosa es para llorar.
El presidente García se llena la boca criticando a los gobiernos locales, especialmente al de Trujillo por la derrota histórica que ahí tuvo el Apra, pero la inversión pública hace agua por donde se vea el barco estatal.
El efecto de este retraso generalizado es muy grave: achata el crecimiento económico en un contexto de crisis internacional al atrasar el Plan de Estímulo Económico; mella la calidad de vida de la población al demorar obra pública necesaria; y profundiza la sensación de que el manejo económico no produce beneficios para el ciudadano más pobre.
A los gobiernos nunca les gusta reconocer errores, y entonces, buscan un biombo para esconder su propia incapacidad y lo suelen ubicar en el SNIP. Esto es falso porque la obra se retrasa básicamente por: burocracia incompetente; demoras en obtención de autorizaciones ambientales, arqueológicas, de disponibilidad de agua o de los ministerios de Educación y Salud; falta de saneamiento legal; y estudios deficientes.
Ninguna de esas razones tiene que ver con el SNIP. De la inversión prevista para el 2009, solo 1% del gobierno central está pendiente de viabilidad; de los gobiernos regionales, solo 7%; y de los gobiernos locales, 24%.
Ninguna flexibilización adicional al sistema va a acelerar la inversión pública y, en cambio, sí fomentaría menor transparencia en la obra pública. Los que critican al SNIP lo hacen por ignorancia o por que están interesados en profundizar la corrupción con obras hechas a la medida del bolsillo de la empresa que ejecuta la obra y del funcionario que la autoriza.
LA REPUBLICA



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