Por: Mirko Lauer
“La mano que firmó el papel derribó una ciudad”. El verso de Dylan Thomas no se aplica directamente a la tragedia sísmica del sur chico. Pero sí puede hacernos pensar en las manos que impiden que todas esas ciudades se vuelvan a levantar de sus escombros. Es la hora de los reproches, pero no parece haber claridad sobre a quién reprocharle qué.
Lo más repetido en este triste aniversario ha sido la palabra ineficiencia. Al principio ella suena como una lapidaria acusación, pero de tan repetida tiende a volverse más bien una coartada para todas las partes. Los medios pensamos que la ineficiencia se explica por sí misma y que, a diferencia de la corrupción, no hay que entrar en detalles.
Pocos quieren leer o escuchar una letanía sobre cuáles responsables decidieron o dejaron de decidir qué cosas, y con qué efectos paralizantes para la reconstrucción. Pero eso sería, literalmente, lapidario y mucho más ilustrativo que los reproches mismos. Sabríamos algo mejor qué sucedió y por qué sucedió. Sería utilísimo para una próxima vez.
Es probable que un retardador haya sido la maraña de atribuciones superpuestas y contrapuestas en la administración pública a todo nivel: ¿quién decide y actúa? Otro retardador es la falta de documentos de propiedad de los terrenos que alojaban a muchísimos de los predios destruidos: ¿Quién recibe y responde?
Cae por su peso que hay una parte sustantiva de los elementos paralizadores de una reconstrucción anteriores a la catástrofe misma. Lo cual plantea dos tipos de tareas en uno: adecuar la situación legal de los protagonistas (víctimas y ayudistas) y avanzar con la reconstrucción misma hasta donde se pueda.
Aunque suene algo cruel para los damnificados, un valor importante en el enfrentamiento de una catástrofe de este tipo es el cúmulo de experiencias y lecciones que produce para la siguiente. Es bochornoso que cada terremoto tenga que ser enfrentado como si fuera el primero, y a la vez el último.
Lo que un terremoto como el del sur chico ha hecho es poner en evidencia la imprevisión permanente de las autoridades y la población juntas. Frente a esto no tiene sentido pensar en la ineficiencia solo como un defecto burocrático. Más lejos nos lleva considerarla un estado de conciencia generalizado en la zona.
Estos comentarios no buscan exculpar a los funcionarios elegidos o nombrados que demostraron ser incapaces de avanzar más en la reconstrucción. Pero sí quieren hacer notar que una parte importante de la catástrofe en el sur chico es previa al terremoto mismo, y que la eficiencia no se puede improvisar.
LA REPUBLICA
“La mano que firmó el papel derribó una ciudad”. El verso de Dylan Thomas no se aplica directamente a la tragedia sísmica del sur chico. Pero sí puede hacernos pensar en las manos que impiden que todas esas ciudades se vuelvan a levantar de sus escombros. Es la hora de los reproches, pero no parece haber claridad sobre a quién reprocharle qué.
Lo más repetido en este triste aniversario ha sido la palabra ineficiencia. Al principio ella suena como una lapidaria acusación, pero de tan repetida tiende a volverse más bien una coartada para todas las partes. Los medios pensamos que la ineficiencia se explica por sí misma y que, a diferencia de la corrupción, no hay que entrar en detalles.
Pocos quieren leer o escuchar una letanía sobre cuáles responsables decidieron o dejaron de decidir qué cosas, y con qué efectos paralizantes para la reconstrucción. Pero eso sería, literalmente, lapidario y mucho más ilustrativo que los reproches mismos. Sabríamos algo mejor qué sucedió y por qué sucedió. Sería utilísimo para una próxima vez.
Es probable que un retardador haya sido la maraña de atribuciones superpuestas y contrapuestas en la administración pública a todo nivel: ¿quién decide y actúa? Otro retardador es la falta de documentos de propiedad de los terrenos que alojaban a muchísimos de los predios destruidos: ¿Quién recibe y responde?
Cae por su peso que hay una parte sustantiva de los elementos paralizadores de una reconstrucción anteriores a la catástrofe misma. Lo cual plantea dos tipos de tareas en uno: adecuar la situación legal de los protagonistas (víctimas y ayudistas) y avanzar con la reconstrucción misma hasta donde se pueda.
Aunque suene algo cruel para los damnificados, un valor importante en el enfrentamiento de una catástrofe de este tipo es el cúmulo de experiencias y lecciones que produce para la siguiente. Es bochornoso que cada terremoto tenga que ser enfrentado como si fuera el primero, y a la vez el último.
Lo que un terremoto como el del sur chico ha hecho es poner en evidencia la imprevisión permanente de las autoridades y la población juntas. Frente a esto no tiene sentido pensar en la ineficiencia solo como un defecto burocrático. Más lejos nos lleva considerarla un estado de conciencia generalizado en la zona.
Estos comentarios no buscan exculpar a los funcionarios elegidos o nombrados que demostraron ser incapaces de avanzar más en la reconstrucción. Pero sí quieren hacer notar que una parte importante de la catástrofe en el sur chico es previa al terremoto mismo, y que la eficiencia no se puede improvisar.
LA REPUBLICA



No hay comentarios:
Publicar un comentario