2.8.09

Manos a la obra

Las buenas ideas, vengan de donde vengan, tienen que recibir respaldo para que su aplicación a la realidad consiga los objetivos para las que fueran formuladas. El planteamiento presidencial referido a los “núcleos ejecutores” y a la “descentralización popular” no debe ser satanizado a priori sin analizarse desapasionadamente sus perspectivas y bondades.
La verdad es que no se trata de esquemas desconocidos para nuestra historia y menos de términos extraños o efectistas. En esencia, estamos frente a una versión corregida y aumentada de la tesis belaundista denominada Cooperación Popular, la misma que se inspiró en la laboriosidad del Incario.

Para algunos, los “núcleos ejecutores” constituirían fuerzas de choque del partido oficialista; para otros, serían expresiones populistas para consolidar un clientelaje electoral con miras al 2011; y no faltan quienes afirman que la intención es desarticular a los municipios contestatarios al gobierno central. Lo cierto es que esas críticas se hacen sin base y de manera egoísta, porque sus autores no piensan en lo positivo que implicaría involucrar y movilizar energías, creatividad y juventud –principalmente– en tareas de infraestructura nacional, cuyo déficit alcanza la friolera de US$ 24 mil millones. Entonces, señores, como peruanos ¿cuándo vamos a sacudirnos de la costumbre de señalar que todo está mal antes de haberse sopesado las ventajas o desventajas de determinadas propuestas?

Si la sospecha va a cundir sobre todo rincón de la administración estatal o incluso en aquellas fórmulas público-privadas, sean éstas grandes o pequeñas, pues sencillamente nos vamos a pasmar y el país quedará paralizado. Y en el campo de los “núcleos ejecutores”, son más las ventajas que encierran que los contras. Porque se trata de una iniciativa que responde a la pregunta que persistentemente se ha venido haciendo la clase dirigente y la ciudadanía: ¿cómo hacemos para dinamizar el gasto público y la ejecución de obras, en particular en las regiones? Pero hay más interrogantes que responder al efecto: ¿qué hacemos para generar empleo antes de repartirse S/. 100 al mes a las familias más pobres de nuestra nación? ¿No es esto asistencialismo puro? Igualmente, ¿no es acaso un tema preocupante contar en nuestra población con una enorme estadística de jóvenes a los cuales el Estado no les da alternativas para desarrollar sus ideales y desplegar sus fuerzas? Dentro de ese contexto, los “núcleos ejecutores” adquieren especial relevancia.

Las respuestas a tales interrogantes podrían venir a través de la puesta en práctica de la “descentralización popular” y los “núcleos ejecutores”. Inclusive, ante la cuestión de cómo gastar miles de millones de soles que se acumulan inservibles en gobiernos locales y regionales, verdaderos entes que se supone debían ser más eficientes para superar la lentitud estatal, sin embargo muchos de ellos sólo son ejemplo de burocratismo e improvisación, la salida va por conjugar a las administraciones locales con la iniciativa comunal. Además, antes de que el Presidente de la República formulara la invitación a jóvenes de 18 a 28 para que se asocien y con asesoría del Foncodes o de los municipios elaboren y ejecuten proyectos, la verdad es que ya existían muchos distritos donde la alianza municipal-vecinal camina satisfactoriamente. Estamos pues en un momento en el que esos silenciosos ejemplos de democracia participativa pueden extenderse y sistematizarse bajo el marco de la descentralización popular. Con más infraestructura y generación de empleo, ganará el país. Manos a la obra.

EXPRESO

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