1.8.09

No al carnaval electoral permanente

Sobre el mensaje presidencial, es positivo que se ponga énfasis en el orden público. Positivos esos gestos conciliadores a la oposición. Positivo que se enfatice que el gas es prioritario para el consumo interno. Positivo crear el "reenganche" militar. Positivo dar un mensaje optimista en lo económico. Positivo reconocer cierta "lejanía" con el pueblo. Positivo que se "cuadre" a Doe Run. Positivo promocionar la ley de las MYPE, la gran chamba pendiente de la Miss Nistra Aráoz. Positivo incentivar las obras por impuestos (aunque las abortaron con la "suma alzada"). Positivo rendir homenaje a los policías abatidos durante el "Baguazo". Lo que sí, hay que cambiar el ceremonial de Fiestas Patrias. Ya se ve muy huachafo eso de los cañonazos de salva, que hasta resultaron peligrosos. Después me dicen que ese Ejército va a enfrentar a los chilenos... Si me preguntan qué fue lo que más eché de menos en el mensaje, diría que fue la ausencia de mención a la reforma del Estado. Se me contestaría que ya poco va a hacer al respecto un gobierno que anda por el segundo tiempo, pero se trata de una política de Estado que alguna vez debe empezarse, como también reparar ese desgraciado yerro presidencial de no corregir la absurda reducción de las remuneraciones públicas de los tecnócratas, lo cual ha debilitado mucho al tejido gubernamental. También me preocupa que se esté hablando de la posibilidad de un fenómeno de El Niño y no se haya mencionado ninguna previsión al respecto. Asimismo, se pudo ahondar un poco más en el tema de la corrupción en vez de hablar sobre reabrir el SEPA (lo que no se va a dar por sus altos costos. Mucho más fácil y barato es El Frontón), a pesar de la debacle de la extinta ONA. Lo que definitivamente no me gustó fue esa iniciativa de querer implantar la renovación parcial del Congreso, menos aún con esa amenaza chavistoide de ir a un referéndum. Sería de lo más nefasto entrar a una dinámica de campaña electoral permanente, con los inversionistas no sabiendo si el próximo Congreso va a cambiar las reglas de juego y con la demagogia a flor de piel, tanto de quien defendería su curul como de quien lo pretendería. ¡El remedio va a ser peor que la enfermedad! De otro lado, sería una práctica bastante cara para el erario nacional, porque cada elección en nuestro país cuesta como S/.80 millones. Me asombra que García ignore la historia del Perú y no sepa que esa medida ocasionó el golpe de Benavides contra Billinghurst en febrero de 1914. Como buen aprista, debe haber leído Bajo el oprobio, de Manuel González Prada, que se centra en ese tema. Y menos aún retar a este débil Congreso con un reférendum, pues lamentablemente este último ha quedado desprestigiado por el chavismo. Además, dicha figura se aplica sólo en regímenes parlamentarios y no en sistemas presidencialistas como el nuestro. Sería todo un despropósito por donde se le vea. Mejor hubiera planteado crear circunscripciones parlamentarias uninominales para que se elijan congresistas en distritos electorales determinados y cada ciudadano sepa a qué legislador reclamarle sus derechos, tal como se hace exitosamente en Chile. O el voto voluntario, para que no sufrague tanto desinformado que termina eligiendo a cualquiera. O reducir el mandato presidencial y parlamentario a cuatro años (como Chile y Colombia), pues ya se ha visto que con las justas nuestros gobernantes llegan a los cinco años en pie. En cambio, sí estoy totalmente de acuerdo con la segunda vuelta regional, a pesar de sus costos. No podemos tener máximas autoridades regionales que han ganado con menos del 25% de los votos. A esos señores no los respeta nadie y mal pueden controlar su región con tan magro apoyo. De todas formas, mucho me temo que en pocos años veremos un inevitable proceso de "recentralización". Las regiones no funcionan para nada y no sería imposible que un hipotético gobernante con mucha autoridad (¿Keiko? ¿Humala? ¿Castañeda?) decida eliminarlas o mediatizarlas. Ya ocurrió en 1992, cuando Fujimori abolió las regiones creadas por el primer gobierno aprista sin que nadie proteste por ellas. Aquí la gente es muy pragmática, y si ve que las obras se van a acelerar sin regiones, pues poco les importaría su desaparición. ¿Acaso Guillén, "Trueno", Fuentes, Álvarez, Altamirano, Triveño u Ordóñez han servido para mejorar en algo la vida de sus gobernados? Recuerden que Toledo las creó apresurado por la presión aprista y del diario La República. Además, la gente sigue reclamando al gobierno central como si las regiones no existiesen en absoluto. Somos un país "inca", unitario y centralista hasta el tuétano. Eso no se va a cambiar tan fácilmente. También me puso la carne de gallina eso de los "núcleos ejecutores" para gastar en obras y lo de los controles en tasas y moras. Lo primero me pareció chino y no lo entendí. ¿Para qué están los alcaldes entonces? ¿Quién va a velar por que no se despilfarre o se robe el dinero? ¿Quién va a ser el responsable? Lo segundo es delicado y podría ir contra el libre mercado. Tampoco me seduce mucho elevar de 2 a 4 puntos el Foncomun, que sale del 19% del IGV. ¿Para qué darles más dinero si no saben gastar?


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