PODERES PÚBLICOS Y CORRUPCIÓN
Por: Francisco Belaunde M Abogado
Los grupos radicales están, sin duda, de plácemes. Hay gente que, no obstante formar parte del “sistema”, por lo menos teóricamente, se empeña con una constancia admirable en demoler desde adentro nuestra frágil democracia.
Los congresistas que participan del increíble festival de inmoralidades denunciado regularmente por los medios de comunicación, ya sea como protagonistas directos o como apañadores, y los jueces que entran en la danza —y en general caen en la corrupción—, constituyen ciertamente desestabilizadores peligrosísimos y, como tales, deben ser señalados sin cansancio.
La acumulación de malas noticias en el frente institucional nos está haciendo dudar cada vez más de la veracidad del lema gubernamental “El Perú Avanza”, incluso a quienes celebramos los innegables progresos económicos de los últimos años.
Por lo visto, se persiste en creer que la consolidación de una economía social de mercado y la moralización de la vida pública constituyen expedientes independientes el uno del otro y que, por lo tanto, pueden ir por cuerdas separadas.
Es un error gravísimo que, obviamente, puede tener por resultado final el tirar por la borda todo lo avanzado económicamente.
Los radicales podrían así ahorrarse muchos de sus recursos y utilizarlos más bien en salir a divertirse y celebrar.
El caso de la todavía desaforada congresista Tula Benites es ciertamente emblemático.
En el Congreso de la República se arrastró los pies ostensiblemente a la hora de aprobar su desafuero y ahora en el Poder Judicial se vienen dando una serie de decisiones a su favor que, por decir lo menos, dejan muchas dudas.
Si a lo anterior se suman los escándalos que han alcanzado al Poder Ejecutivo, así como —no hay que olvidarlo— a determinadas autoridades regionales y locales, se hace francamente muy difícil compartir el credo optimista del presidente Alan García, incluso con la mejor voluntad del mundo.
En todo caso, hay que pedir a nuestros políticos y autoridades que, por favor, no nos hablen más de grupos desestabilizadores de la democracia. Los más letales están adentro del llamado “sistema”, no afuera.
EL COMERCIO
Por: Francisco Belaunde M Abogado
Los grupos radicales están, sin duda, de plácemes. Hay gente que, no obstante formar parte del “sistema”, por lo menos teóricamente, se empeña con una constancia admirable en demoler desde adentro nuestra frágil democracia.
Los congresistas que participan del increíble festival de inmoralidades denunciado regularmente por los medios de comunicación, ya sea como protagonistas directos o como apañadores, y los jueces que entran en la danza —y en general caen en la corrupción—, constituyen ciertamente desestabilizadores peligrosísimos y, como tales, deben ser señalados sin cansancio.
La acumulación de malas noticias en el frente institucional nos está haciendo dudar cada vez más de la veracidad del lema gubernamental “El Perú Avanza”, incluso a quienes celebramos los innegables progresos económicos de los últimos años.
Por lo visto, se persiste en creer que la consolidación de una economía social de mercado y la moralización de la vida pública constituyen expedientes independientes el uno del otro y que, por lo tanto, pueden ir por cuerdas separadas.
Es un error gravísimo que, obviamente, puede tener por resultado final el tirar por la borda todo lo avanzado económicamente.
Los radicales podrían así ahorrarse muchos de sus recursos y utilizarlos más bien en salir a divertirse y celebrar.
El caso de la todavía desaforada congresista Tula Benites es ciertamente emblemático.
En el Congreso de la República se arrastró los pies ostensiblemente a la hora de aprobar su desafuero y ahora en el Poder Judicial se vienen dando una serie de decisiones a su favor que, por decir lo menos, dejan muchas dudas.
Si a lo anterior se suman los escándalos que han alcanzado al Poder Ejecutivo, así como —no hay que olvidarlo— a determinadas autoridades regionales y locales, se hace francamente muy difícil compartir el credo optimista del presidente Alan García, incluso con la mejor voluntad del mundo.
En todo caso, hay que pedir a nuestros políticos y autoridades que, por favor, no nos hablen más de grupos desestabilizadores de la democracia. Los más letales están adentro del llamado “sistema”, no afuera.
EL COMERCIO



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