14.1.10

Sendero en los penales

De las primeras hipótesis –oficiales y oficiosas–surgidas para explicar el execrable asesinato del director del penal de máxima seguridad, Miguel Castro Castro, Manuel Vásquez Coronado, se desprende que el crimen sería obra del senderismo o de la delincuencia común aliada circunstancialmente con él en la defensa de situaciones que servían, en el caso de los narcotraficantes, para garantizar inaceptables privilegios dentro del recinto carcelario, y en cuanto a los terroristas, para mantener condiciones de aislamiento y territorialidad que les permitía agruparse y desarrollar sus escuelas de vida y adoctrinamiento al estilo de la década de los 80.

Dos fueron los centros neurálgicos en donde el terrorismo se instaló en el inicio y en el momento de su apogeo criminal en el país: las universidades nacionales y las cárceles. Y es allí en donde se están volviendo peligrosamente a instalar. En EXPRESO lo hemos advertido con notas exclusivas en las que hemos dado cuenta de la estrategia de penetración en los claustros universitarios en donde el senderismo mantiene amenazados a autoridades y profesores. De igual forma lo hemos hecho con los penales, en donde hemos denunciado las labores proselitistas que está empren-diendo Sendero Luminoso con sus famosas escuelas de adoctrinamiento. Precisamente en nuestro suplemento dominical ESTAMPA advertimos hace algunos días de la crítica situación en el penal Castro Castro y de las amenazas de muerte que se cernían sobre su director, las mismas que desgraciadamente se han cumplido.

Estamos pues notificados. La situación es grave porque se vuelve a configurar un escenario que creíamos que nunca más se presentaría. Cárceles y universidades vuelven a estar en la mira del senderismo y vuelven a ser parte capital de su estrategia de resurgimiento. Con las lecciones aprendidas de la lucha victoriosa que emprendimos y ganamos, debemos movilizarnos ahora contra el terrorismo con las armas de la ley y del desarrollo y la inclusión social, la inteligencia predictiva y operativa y con el fortalecimiento de nuestras Fuerzas Armadas y Policiales.

Manuel Vásquez no sólo quiso poner orden sino que trató de desarticular la presencia monopólica senderista en algunos pabellones del penal. Por eso lo mataron. Por eso mismo, su sucesor y las autoridades del Inpe y del Ministerio de Justicia deben continuar con su labor concientes de que si no le ponemos coto a la estrategia subversiva en los penales ahora, muy pronto será demasiado tarde.

Sin duda Vásquez Coronado es un mártir de la democracia. Al igual que los miles de militares, policías y ciudadanos que cayeron en la lucha contra el terrorismo y que nos regalaron la pacificación, esa conquista histórica cuya memoria es pasado pero también presente y cuyo único verdadero museo está en cualquier parte del Perú librado de la barbarie senderista.



EXPRESO

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