A PROPÓSITO DEL NUEVO COMANDANTE GENERAL DEL EJÉRCITO
Por Francisco Morales B. Ex presidente de la República
Asistí, en mi calidad de ex comandante general del Ejército, a la ceremonia de toma de mando del nuevo comandante general Otto Guibovich. Pocas veces en los últimos tiempos he escuchado un mensaje institucional tan profesional, serio, completo y profundo, todo un verdadero programa de acción para el ejercicio del mando en tiempos difíciles, plenamente constitucionalista y coincidente con la vigésima quinta política de Estado contenida en el Acuerdo Nacional, referida a la "Cautela de la institucionalidad de las Fuerzas Armadas y su servicio a la democracia".
Quiero referirme solo a dos de los objetivos del Acuerdo Nacional que tienen relación directa con lo expresado en el firme pronunciamiento del general Guibovich. El primero establece que las Fuerzas Armadas están sujetas a los gobiernos democráticamente elegidos, respetuosas de los valores constitucionales, los derechos humanos y el honor militar.
El nuevo comandante general del Ejército se ciñó claramente a este objetivo cuando expresó: "El poder de las armas tiene una razón constitucional y nunca más debe tener injerencia en temas políticos. La espada, como símbolo de mando y honor, brilla cuando se dedica a lo suyo y se opaca cuando la alejamos de lo nuestro. Deja de ser un símbolo de honor cuando apunta al corazón de la democracia". Esta contundente declaración define claramente la posición constitucionalista del nuevo jefe del Ejército.
El otro objetivo del Acuerdo Nacional al cual deseo referirme es aquel que menciona la necesidad de disponer por el Estado de "Fuerzas Armadas modernas, eficientes, de accionar de conjunto, adecuadamente capacitadas, organizadas, articuladas y preparadas para garantizar la paz y la integridad territorial, en concordancia con las exigencias del entorno y los cambios científicos y tecnológicos en curso".
En este sentido, el general Guibovich hizo un llamado a la renovación del compromiso de alcanzar el nivel operativo del Ejército para cumplir el mandato constitucional de defender la soberanía, independencia e integridad territorial de la Patria.
Él, como ex jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, conoce perfectamente que el compromiso del Gobierno del Perú debe referirse no solo al Ejército, sino al conjunto de las Fuerzas Armadas. Al respecto, debemos insistir en que la seguridad y la defensa nacional son conceptos políticos que deben ser concebidos, consultados e impulsados en los niveles de decisión política (en el Consejo de Seguridad Nacional, presidido por el Presidente de la República).
Esto es así en tanto que los componentes de las Fuerzas Armadas son las instituciones que están al servicio del fin político, siendo su responsabilidad preparar y conducir los aspectos militares relacionados con dicho fin, correspondiendo al Estado proporcionarles los medios y recursos necesarios para que puedan, a su vez, estar en condiciones de cumplir adecuada y eficientemente su misión constitucional.
Conociendo el sentir de los generales y almirantes ex comandantes generales de instituto, me permito reiterar las invocaciones que en dos oportunidades respetuosamente formulamos al señor presidente constitucional de la República. Ello a efecto de que adopte las decisiones que fueren necesarias para satisfacer las necesidades vitales de nuestras Fuerzas Armadas --cuya reorganización y reequipamiento se viene postergando desde anteriores gobiernos--, de tal forma que puedan alcanzar los niveles adecuados de modernización, alistamiento y eficacia que les permita estar en condiciones de cumplir eficientemente su misión constitucional.
Por Francisco Morales B. Ex presidente de la República
Asistí, en mi calidad de ex comandante general del Ejército, a la ceremonia de toma de mando del nuevo comandante general Otto Guibovich. Pocas veces en los últimos tiempos he escuchado un mensaje institucional tan profesional, serio, completo y profundo, todo un verdadero programa de acción para el ejercicio del mando en tiempos difíciles, plenamente constitucionalista y coincidente con la vigésima quinta política de Estado contenida en el Acuerdo Nacional, referida a la "Cautela de la institucionalidad de las Fuerzas Armadas y su servicio a la democracia".
Quiero referirme solo a dos de los objetivos del Acuerdo Nacional que tienen relación directa con lo expresado en el firme pronunciamiento del general Guibovich. El primero establece que las Fuerzas Armadas están sujetas a los gobiernos democráticamente elegidos, respetuosas de los valores constitucionales, los derechos humanos y el honor militar.
El nuevo comandante general del Ejército se ciñó claramente a este objetivo cuando expresó: "El poder de las armas tiene una razón constitucional y nunca más debe tener injerencia en temas políticos. La espada, como símbolo de mando y honor, brilla cuando se dedica a lo suyo y se opaca cuando la alejamos de lo nuestro. Deja de ser un símbolo de honor cuando apunta al corazón de la democracia". Esta contundente declaración define claramente la posición constitucionalista del nuevo jefe del Ejército.
El otro objetivo del Acuerdo Nacional al cual deseo referirme es aquel que menciona la necesidad de disponer por el Estado de "Fuerzas Armadas modernas, eficientes, de accionar de conjunto, adecuadamente capacitadas, organizadas, articuladas y preparadas para garantizar la paz y la integridad territorial, en concordancia con las exigencias del entorno y los cambios científicos y tecnológicos en curso".
En este sentido, el general Guibovich hizo un llamado a la renovación del compromiso de alcanzar el nivel operativo del Ejército para cumplir el mandato constitucional de defender la soberanía, independencia e integridad territorial de la Patria.
Él, como ex jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, conoce perfectamente que el compromiso del Gobierno del Perú debe referirse no solo al Ejército, sino al conjunto de las Fuerzas Armadas. Al respecto, debemos insistir en que la seguridad y la defensa nacional son conceptos políticos que deben ser concebidos, consultados e impulsados en los niveles de decisión política (en el Consejo de Seguridad Nacional, presidido por el Presidente de la República).
Esto es así en tanto que los componentes de las Fuerzas Armadas son las instituciones que están al servicio del fin político, siendo su responsabilidad preparar y conducir los aspectos militares relacionados con dicho fin, correspondiendo al Estado proporcionarles los medios y recursos necesarios para que puedan, a su vez, estar en condiciones de cumplir adecuada y eficientemente su misión constitucional.
Conociendo el sentir de los generales y almirantes ex comandantes generales de instituto, me permito reiterar las invocaciones que en dos oportunidades respetuosamente formulamos al señor presidente constitucional de la República. Ello a efecto de que adopte las decisiones que fueren necesarias para satisfacer las necesidades vitales de nuestras Fuerzas Armadas --cuya reorganización y reequipamiento se viene postergando desde anteriores gobiernos--, de tal forma que puedan alcanzar los niveles adecuados de modernización, alistamiento y eficacia que les permita estar en condiciones de cumplir eficientemente su misión constitucional.



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