A Hamlet lo perseguía un fantasma por el castillo de Elsinor. Al presidente García, lo acosan tres espectros de su primer gobierno: inflación, terrorismo y corrupción. Los dos primeros, mal que bien, ha logrado encapsularlos. El tercero, empero, sigue rondando, a causa del “petroescándalo” que cada día nos trae novedades. La de ayer fue la extensa declaración de Rómulo León ante la comisión Abugattás.
No se sabe muy bien a qué juega exactamente el ex ministro. Primero dice, en privado pero lo suficientemente alto como para que lo oigan, que no será otro Mantilla. Después llora ante cámaras. Luego, ante la comisión investigadora, mezcla en sus declaraciones palo y zanahoria. Al final de la historia quizá quede demostrado que el “faenón” no fue más que la jugada de un trío de pícaros que hicieron cholito a Canaán. Es una posibilidad (la otra, mejor ni pensarla). Pero en el camino León y sus socios lograron tumbar a un gabinete, causar una crisis política de proporciones y hacer, igual que en la tragedia de Shakespeare, que la gente se pregunte: “Something is rotten in the state of Denmark?”.
Si nos guiamos por las más recientes encuestas, la respuesta que la ciudadanía da a la pregunta es sí. La política, se sabe, es asunto de percepciones. Y basta con leer los comentarios que el público coloca en las páginas web de los medios y en los blogs para constatar que, en la mente de muchos, ya hay una opinión formada en torno al tema.
El presidente García ha reaccionado con irritación ante este estado de cosas y por eso cada día son más ácidas sus críticas al mensajero, es decir los medios, a los que culpa (ahora saltamos a Faulkner) del sonido y la furia. Pero quizá debería tratar de ver el vaso medio lleno y no, como ahora, medio vacío. Toledo la pasó mucho peor en su mandato y miren cómo está ahora en las encuestas para el 2011. Probablemente al actual mandatario le pase lo mismo al final de su quinquenio, lo cual le haría las cosas fáciles para su ya públicamente confesado anhelo de regresar por tercera vez a Palacio en 2016.
Mientras tanto, es cuestión que el régimen conserve la cabeza fría y dedique más tiempo y energías a averiguar quiénes están detrás del chuponeo en lugar de perderlo culpando a la prensa de todos sus males. O maleteando al congresista Raffo, que por cierto metió la pata hasta el fondo con su visita privada a San Jorge pero es el que hace las preguntas más articuladas en la comisión Abugattás. En otras palabras, que se dedique a hacer su trabajo y nos deje a nosotros hacer tranquilos el nuestro.
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No se sabe muy bien a qué juega exactamente el ex ministro. Primero dice, en privado pero lo suficientemente alto como para que lo oigan, que no será otro Mantilla. Después llora ante cámaras. Luego, ante la comisión investigadora, mezcla en sus declaraciones palo y zanahoria. Al final de la historia quizá quede demostrado que el “faenón” no fue más que la jugada de un trío de pícaros que hicieron cholito a Canaán. Es una posibilidad (la otra, mejor ni pensarla). Pero en el camino León y sus socios lograron tumbar a un gabinete, causar una crisis política de proporciones y hacer, igual que en la tragedia de Shakespeare, que la gente se pregunte: “Something is rotten in the state of Denmark?”.
Si nos guiamos por las más recientes encuestas, la respuesta que la ciudadanía da a la pregunta es sí. La política, se sabe, es asunto de percepciones. Y basta con leer los comentarios que el público coloca en las páginas web de los medios y en los blogs para constatar que, en la mente de muchos, ya hay una opinión formada en torno al tema.
El presidente García ha reaccionado con irritación ante este estado de cosas y por eso cada día son más ácidas sus críticas al mensajero, es decir los medios, a los que culpa (ahora saltamos a Faulkner) del sonido y la furia. Pero quizá debería tratar de ver el vaso medio lleno y no, como ahora, medio vacío. Toledo la pasó mucho peor en su mandato y miren cómo está ahora en las encuestas para el 2011. Probablemente al actual mandatario le pase lo mismo al final de su quinquenio, lo cual le haría las cosas fáciles para su ya públicamente confesado anhelo de regresar por tercera vez a Palacio en 2016.
Mientras tanto, es cuestión que el régimen conserve la cabeza fría y dedique más tiempo y energías a averiguar quiénes están detrás del chuponeo en lugar de perderlo culpando a la prensa de todos sus males. O maleteando al congresista Raffo, que por cierto metió la pata hasta el fondo con su visita privada a San Jorge pero es el que hace las preguntas más articuladas en la comisión Abugattás. En otras palabras, que se dedique a hacer su trabajo y nos deje a nosotros hacer tranquilos el nuestro.
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