Por: Manuel Bernales Alvarado. Politólogo
Compartimos el énfasis que hoy se da a las múltiples raíces sociales y culturales de los derechos humanos, en círculos científicos, especializados y autoridades del sistema de las Naciones Unidas. Ellos no son únicamente fruto de la cultura y civilización occidentales.
Importantes países europeos capitalistas de alto desarrollo los negaron oficialmente como política de Estado durante varios lustros; también en las potencias que fueron satélites de la Unión Soviética y en esta. Hoy algunos de los tratados o convenios internacionales sobre la materia aún no han sido suscritos por importantes estados-nación como la República Popular China, Estados Unidos de América e Irán. Sin embargo en las más antiguas raíces de esas y otras sociedades está presente el argumento del humanismo racional laico y del religioso en la proclamación de los derechos de la persona previos a toda autoridad estatal. Así se ha registrado en un importante foro como el de la Unesco en sus conferencias generales e instancias especializadas, como lo recuerda Fernando Valderrama en su historia de ese organismo.
En los últimos dos decenios esa evolución mundial y transcultural ha postulado que la pobreza y la miseria, su expresión máxima, constituyen una violación de los derechos humanos.
Siguiendo el sentido de esta proposición resultaría exigible, en el plano del derecho positivo y de la institucionalidad estatal exigir al gobierno representante del Estado que repare lo que la realidad vulnera. Obviamente, esto constituye también su debilidad por su dificultad o imposibilidad de realización.
Relacionado a lo dicho, también ha despuntado otra propuesta revolucionaria: el olvidado derecho de los pueblos a la rebelión contra la tiranía; esto que fue recogido en Occidente por los llamados padres de la Iglesia Católica, romana, ortodoxa u otra, resulta hoy día una afirmación subversiva, motivo por el cual no recibe la atención que merece.
Menos aun si se malinterpreta en el marco de una lucha global contra el terrorismo, suponiendo que esta frase encierra una verdad, y no es susceptible de interpretaciones ni siquiera de matiz.
A estos temas he llamado los derechos olvidados o las dimensiones ocultas de los derechos humanos, cuya comprensión es fundamental tanto para el derecho internacional como el interno, incluido el constitucional y aquellos que fundamentan las políticas públicas, especialmente la económica y financiera, que en realidad determina a las demás.
Compartimos el énfasis que hoy se da a las múltiples raíces sociales y culturales de los derechos humanos, en círculos científicos, especializados y autoridades del sistema de las Naciones Unidas. Ellos no son únicamente fruto de la cultura y civilización occidentales.
Importantes países europeos capitalistas de alto desarrollo los negaron oficialmente como política de Estado durante varios lustros; también en las potencias que fueron satélites de la Unión Soviética y en esta. Hoy algunos de los tratados o convenios internacionales sobre la materia aún no han sido suscritos por importantes estados-nación como la República Popular China, Estados Unidos de América e Irán. Sin embargo en las más antiguas raíces de esas y otras sociedades está presente el argumento del humanismo racional laico y del religioso en la proclamación de los derechos de la persona previos a toda autoridad estatal. Así se ha registrado en un importante foro como el de la Unesco en sus conferencias generales e instancias especializadas, como lo recuerda Fernando Valderrama en su historia de ese organismo.
En los últimos dos decenios esa evolución mundial y transcultural ha postulado que la pobreza y la miseria, su expresión máxima, constituyen una violación de los derechos humanos.
Siguiendo el sentido de esta proposición resultaría exigible, en el plano del derecho positivo y de la institucionalidad estatal exigir al gobierno representante del Estado que repare lo que la realidad vulnera. Obviamente, esto constituye también su debilidad por su dificultad o imposibilidad de realización.
Relacionado a lo dicho, también ha despuntado otra propuesta revolucionaria: el olvidado derecho de los pueblos a la rebelión contra la tiranía; esto que fue recogido en Occidente por los llamados padres de la Iglesia Católica, romana, ortodoxa u otra, resulta hoy día una afirmación subversiva, motivo por el cual no recibe la atención que merece.
Menos aun si se malinterpreta en el marco de una lucha global contra el terrorismo, suponiendo que esta frase encierra una verdad, y no es susceptible de interpretaciones ni siquiera de matiz.
A estos temas he llamado los derechos olvidados o las dimensiones ocultas de los derechos humanos, cuya comprensión es fundamental tanto para el derecho internacional como el interno, incluido el constitucional y aquellos que fundamentan las políticas públicas, especialmente la económica y financiera, que en realidad determina a las demás.



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