A comienzos del siglo XVIII ocurrió en Londres la gran especulación y posterior desfalco de la compañía de los mares del sur, la cual daba confianza ilimitada al inversionista al contar con un monopolio estatal del comercio con las colonias españolas de ultramar. Fue uno de los episodios de mayor defraudación, lo que a la población le tomó muchos años olvidar.
En nuestro caso, la hiperinflación de los años ochenta llevó a una defraudación total en el Inti y, antes de eso, en el antiguo sol. Nuestra economía estaba prácticamente dolarizada al iniciarse los noventa. En ese momento hubiera sido muy sencillo dolarizarla formalmente. Pero –por error, creo yo– se optó por intentar reconstruir la confianza en el sol y durante años el Banco Central ha llevado a cabo una intensa campaña para 'solarizar’ a la población. Se ha fomentado que los ciudadanos ganen y ahorren en soles.
Incluso, se sacó una ley para forzar a las empresas a desplegar sus precios de venta en la moneda nacional. El esquema le estaba dando resultados. Los depósitos en los bancos, que eran en un 80% dólares hace diez años, llegaron a ser mayoritariamente en soles hace pocos meses. Claramente, la población había recobrado confianza en su moneda, instigada a ello por el ente emisor.
Pero, últimamente, el BCR ha actuado de manera errática. Primero, cambió las reglas de juego abruptamente para revertir la apreciación del sol, con el fin de evitar ganancias a un especulador. Luego, ha cambiado de política rápidamente. Pese a que compró los últimos años 20 mil millones de dólares para evitar que el dólar caiga de valor, ahora ha decidido dejar que caiga el sol a los pocos meses de haberse invertido la situación. Uno tiene la impresión de que el banco estaría más preocupado por la utilidad de las empresas de exportación que por el bienestar de la población, ya que una fuerte devaluación genera inflación e, incluso, al estar la mayoría de empresas en el país endeudadas en dólares, también va a reducir los niveles de inversión.
Pero lo más perjudicial en el largo plazo para el Estado será la pérdida de confianza y de credibilidad ante el ciudadano, que se sentirá defraudado por haber seguido la recomendación del ente emisor. En realidad, el defraudar a la población parece un precio excesivamente alto, simplemente para satisfacer al exportador.
PERU 21
En nuestro caso, la hiperinflación de los años ochenta llevó a una defraudación total en el Inti y, antes de eso, en el antiguo sol. Nuestra economía estaba prácticamente dolarizada al iniciarse los noventa. En ese momento hubiera sido muy sencillo dolarizarla formalmente. Pero –por error, creo yo– se optó por intentar reconstruir la confianza en el sol y durante años el Banco Central ha llevado a cabo una intensa campaña para 'solarizar’ a la población. Se ha fomentado que los ciudadanos ganen y ahorren en soles.
Incluso, se sacó una ley para forzar a las empresas a desplegar sus precios de venta en la moneda nacional. El esquema le estaba dando resultados. Los depósitos en los bancos, que eran en un 80% dólares hace diez años, llegaron a ser mayoritariamente en soles hace pocos meses. Claramente, la población había recobrado confianza en su moneda, instigada a ello por el ente emisor.
Pero, últimamente, el BCR ha actuado de manera errática. Primero, cambió las reglas de juego abruptamente para revertir la apreciación del sol, con el fin de evitar ganancias a un especulador. Luego, ha cambiado de política rápidamente. Pese a que compró los últimos años 20 mil millones de dólares para evitar que el dólar caiga de valor, ahora ha decidido dejar que caiga el sol a los pocos meses de haberse invertido la situación. Uno tiene la impresión de que el banco estaría más preocupado por la utilidad de las empresas de exportación que por el bienestar de la población, ya que una fuerte devaluación genera inflación e, incluso, al estar la mayoría de empresas en el país endeudadas en dólares, también va a reducir los niveles de inversión.
Pero lo más perjudicial en el largo plazo para el Estado será la pérdida de confianza y de credibilidad ante el ciudadano, que se sentirá defraudado por haber seguido la recomendación del ente emisor. En realidad, el defraudar a la población parece un precio excesivamente alto, simplemente para satisfacer al exportador.
PERU 21



No hay comentarios:
Publicar un comentario