4.2.09

Loco, armado y peligroso

El espacio de esta columna no alcanza para un balance en detalle de los nefastos diez años de gobierno de Hugo Chávez. Ayer los celebró acompañado de sus acólitos Daniel Ortega, Evo Morales y, cómo no, el vicepresidente cubano José Ramón Machado. Y dejó muy en claro que quiere, al estilo de su ídolo Fidel, quedarse muchas décadas más en el poder, a través del referendo sobre una enmienda constitucional que le permitiría la reelección sin límite de mandatos. También quedó en claro que el hombre necesita chaleco de fuerza y que la modestia no es su fuerte: al recibir una réplica de la espada de Simón Bolívar se comparó con el héroe de la independencia y deslizó que éste se ha reencarnado en él.
Quizá el periodista venezolano Marcel Granier ha sido quien mejor resumió una década marcada por el aumento del desempleo, el freno al crecimiento económico, el fraude, la censura a la prensa, la persecución a los distintos credos, la injerencia en otros países –entre ellos el nuestro– y su peligrosa alianza con regímenes extremistas como el iraní y con narcobandas como las FARC. “Se trata de los diez años más terribles en la historia venezolana”, aseguró el periodista, quien ha sido varias veces amenazado de muerte por grupos parapoliciales cercanos al Duce llanero.


El balance económico de un régimen que se enorgullece de liderar el “socialismo del siglo XXI” es desolador. Venezuela creció a lo largo de 60 años a una tasa de seis por ciento pero en 2000, con Chávez, eso se rompió. Y pese a que el Gobierno ha dispuesto de más de 900 mil millones de dólares en estos diez años, se registró el cierre de más de 6 mil empresas que dejaron miles de desocupados.

Granier asegura que la sociedad venezolana está “indignada” y “desesperada” porque Venezuela es el país que menos crece, en comparación con Perú, Chile y Colombia.

Y el balance político es por supuesto igual de tenebroso, con un permanente discurso chavista de incitación a la violencia. Los ejemplos más frescos han sido los ataques a sinagogas y también las diatribas contra el arzobispado y la conferencia episcopal. Y antes de eso, innumerables actos que no pueden sino calificarse de terrorismo de Estado, que busca amedrentar a todos aquellos que manifiestan públicamente su oposición a la enmienda inconstitucional de reelección, sean estos medios de comunicación o la Iglesia y, en especial, contra los estudiantes, sindicatos y líderes políticos de oposición. A todo ello debe sumarse la desenfrenada carrera armamentista de Chávez, que no augura nada bueno para la región.

Quienes creen que el venezolano es apenas un payaso al que no debe tomarse en serio cometen un grave error. Lo mismo se decía en los años treinta en Europa de Hitler. Y miren en qué terminó.


la razon

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