6.2.09

Desperdicio de logros

Por: Jaime de Althaus Guarderas

El Ministerio de Educación es tan tímido o tan humilde o tan flojo que no se ha tomado la molestia de revelar y menos aun publicitar dos logros importantes: uno, que el 75% de los maestros que han sido capacitados mejoró en la prueba censal que se tomó el 2008 con relación a la del 2007; y, dos, más importante aun, que el Perú ha mejorado notoriamente su ubicación en la prueba Serce (Segundo Estudio Regional Comparativo y Explicativo) que se realizó el 2006 entre estudiantes de tercer y sexto grado de primaria de los países de América Latina y el Caribe. En la prueba anterior, realizada en 1997, recordemos, quedamos en último lugar en matemáticas y en antepenúltimo en lengua. Pues bien, milagrosamente diríamos, el 2006 logramos escalar posiciones, particularmente en sexto grado y en matemáticas, donde hemos pasado a media tabla: estamos en el puesto octavo de 17 países, superando incluso a naciones como Brasil, Colombia y Ecuador. Aunque en lectura, habiendo mejorado algo, estamos todavía muy por debajo del promedio.

Siempre hay dos maneras de leer los resultados: una, que estamos mal, pues, por ejemplo, solo un 38% de los estudiantes del sexto grado se encuentra en los dos niveles de desempeño más altos; la otra, que hemos pasado del último lugar a media tabla. La primera lectura sirve para conocer nuestras deficiencias. Pero la segunda sirve para saber que estamos mejorando, para entusiasmarnos, aumentar la confianza en nuestra capacidad de alcanzar logros colectivos y ponernos nuevas metas. Pero nuevas metas que sean de dominio público, para convertirlas en objetivos nacionales, de la misma manera como queríamos que la Sub 20 clasifique o que nuestro colegio gane el concurso RPP.

En agosto, por ejemplo, se va a realizar la prueba PISA, en la que participan alumnos de 15 años de países europeos, asiáticos y los más importantes de América Latina. El 2001 quedamos en último lugar. Deberíamos proponernos escalar —digamos— cinco puestos, es decir, quedar cuando menos a cinco lugares del último. Tenemos poco tiempo, siete meses para ello, pero si se convierte en una meta nacional, se creará la presión y la colaboración colectiva necesarias para que los estudiantes de 15 años estudien más y sus profesores rindan mejor y busquen ayuda si la necesitan.

De eso se trata: de convertir el mejoramiento de la educación en una cruzada nacional que comprometa a todos y que se refuerce a sí misma en la medida en que va alcanzando logros. De paso involucramos a los maestros —tan golpeados— y le damos un sentido mayor a su carrera. Pero esto requiere de liderazgo político…

EL COMERCIO

No hay comentarios: