13.4.09

Acuerdo de partidos

La hora presente exige a los partidos políticos resolución no solo para condenar los actos terroristas –que han recrudecido en Ayacucho y en otros puntos a escala de masacre–, sino también determinación para hacerles frente sin medias tintas ni posiciones melindrosas. Ello implica, más que pensar en un museo de la memoria, redactar y suscribir un documento puntual y claro que rechace todo acto subversivo, sea de raigambre senderista, emerretista o de ambos coaligados con el narcotráfico, así como conformar un compromiso expreso contra todo aquello que complote contra la vida, la paz y el desarrollo. Los partidos deben ser bastiones defensores del orden democrático y constitucional, y para ello necesitan señalar como principal enemigo del país al terrorismo. La perversidad de terror y la corrupción del narcotráfico no solo está en la selva peruana, recaudando ésta última lacra fondos que van a financiar a las columnas senderistas y emerretistas. Por tanto la condena debe ser tajante, así como la exigencia de que el Estado luche contra todo aquel que, directa o indirectamente, apoye a esa nefasta y criminal tara social, tiene que ser firme. Tras lo ocurrido en Huanta, donde al menos trece soldados de la patria fueron vilmente asesinados, necesitamos volver a la realidad, refutando ridículos sofismas como la CVR o el museo de la memoria, verdaderos expedientes endebles, individualistas, propio de refinamientos construidos por la izquierda para cebarse del Estado, menoscabar a la sociedad y reciclarse con el confort a partir de las donaciones recibidas del exterior. Es más, casi todos los soldados que combaten al terrorismo en estos momentos están denunciados por violación de derechos humanos, y en vez de encontrarse en el campo de batalla están retenidos en comisarías, fiscalías y juzgados defendiéndose del acecho de las ONG que defienden a Sendero Luminoso. Sin duda persiguiendo sus narcodólares.

El acuerdo de los partidos políticos peruanos tiene que reconocer que la guerra contra el terrorismo no ha acabado. Es un proceso en marcha que puede acabar frustrado por culpa de elites como la CVR que propugna honrar al terrorista a partir de culpar al Estado de violar sus derechos humanos. Incluso hemos entrado a una fase sangrienta, por la contundencia de los golpes que propina la subversión, desde que cada emboscada cobra la vida de decenas de policías y soldados. Y el Estado no responde por temor de las autoridades, de policías y militares de verse acusados de violar los derechos de los terroristas. Entonces, frente a esta inobjetable realidad, la dirigencia política tiene que ser coherente frente a quienes la defienden, vestidos del uniforme de la PNP o FF AA.

En ese sentido, puede servir de ejemplo para elaborar ese acuerdo histórico de partidos que postulamos, el adoptado recientemente en España por los partidos Socialista Obrero Español (PSOE) y Partido Popular (PP), en torno al País Vasco y al terrorismo. Así, ambas colectividades acordaron no dejar solas a las fuerzas del orden. Para muestra basta recordar lo que han suscrito: “…combatir y derrotar a ETA en todos los ámbitos; apoyar y reconocer a las víctimas del terrorismo; impedir los homenajes a personas o grupos vinculados a la banda y a deslegitimar política y socialmente a los que amparan el terrorismo…”.

Las juventudes del APRA, el PPC, AP, UPP, Solidaridad Nacional, Somos Perú, etc., deben liderar una iniciativa similar. La lucha contra el terrorismo no ha acabado, y lo hecho por la CVR son posturas mediáticas de una izquierda refinada, acomplejada, que contribuye con su prédica marxista a acrecentar el terrorismo inspirada en algunos de sus cuadros de antaño entregados a la lucha armada.

Además el país no puede darse el lujo de obedecer a una oligarquía de ONG políticas, impertinentes, sin sentido nacional al proponer hipocresías como las de la CVR poniendo de carnada nuevamente al pueblo frente a la mirada genocida de Sendero Luminoso. Reconozcamos que la CVR está vendida a ideologías derechohumanistas de izquierda que apenas sirven para asegurarle el empleo a más de un zurdo elegante que vive de las rentas que recibe del exterior. Por ello las ONG suelen postular entelequias, unas tras otras, tales como museos de la memoria, para facilitarles recursos y vigencia a los suyos. Museos, dicho sea de paso, adaptables a Estados que entraron en guerra contra otros Estados, pero no a países –como el nuestro– que sufrieron y aún sufren atentados terroristas.

Que quede claro que con refinamientos o eufemisnos no terminaremos con el terrorismo, el que es cada vez más rapaz, más zigzagueante, viene exhibiéndose premunido de estrategias sofisticadas y armamento con gran poder de fuego. Los partidos políticos tienen entonces que darse cuenta que la palabrería de las ONG rojas –durante todo este tiempo– sólo ha servido para disfrazar bajo el rótulo “víctimas de la violencia política” a miserables terroristas agazapados; para hacerle el juego al genocidio senderista que ha logrado gracias a la ayuda de las ONG afines a la CVR hasta reagruparse y apertrecharse como lo demuestra hoy; y para “aceitar” a los panegiristas del terror ante la CIDH para que rindan homenajes y honores, vía la CVR, a más de un lobo vestido de oveja.

La ciudadanía tiene que ser consciente de las intenciones perversas de aquella elite “políticamente correcta” que le ha dado legalidad a una CVR, haciéndole parir un informe inconsistente y sesgado, presto para realidades como las vividas en Argentina, Chile o Sudáfrica, donde las dictaduras hicieron lo que quisieron, mas no para el Perú donde la democracia se defendía de las hordas mesiánicas de Guzmán Reynoso y Polay Campos.

No repitamos los mismos errores de ayer, cuando los partidos políticos caminaban cada cual por su lado, dejando que facciones marxistas-leninistas –precisamente madres de las ONG de derechos humanos políticas– engañen una vez más al país. No queremos que ese mismo fariseísmo levante en peso a la dirigencia política de hoy, que teme chocar contra el poder mediático que han construido las ONG dizque para luchar por los derechos humanos, cuando lo importante para ellos es abastecerse de recursos que garanticen su confort. Pero ahora importa que los partidos se dirijan a millones de personas y, entre ellas, a los padres, hermanos, huérfanos y parientes de los trece soldados asesinados, para decirles que están de su lado y no en medio de posiciones ambiguas.

No es justo que se sigan perdiendo más vidas a causa del renaciente terrorismo. EXPRESO defiende los derechos humanos de todos los peruanos. Y por ello espera que los políticos digan la verdad a los compatriotas. A quienes están sumidos en el dolor por la pérdida de sus seres queridos y a quienes aún no lo están; verdad que está en las antípodas de lo sentenciado por los bien pagados promotores de la CVR con el dinero del pueblo. Los miembros de esa CVR solo culpan al Estado peruano de todos los males, achacándole genocidios para limpiarle la cara al único autor de éstos: el terrorismo senderista y emerretista. En esta difícil coyuntura, la pelota está en cancha de la dirigencia política, pero de una auténtica, sincera clase de partidos valientes y democráticos, que son los que necesita el país, que no se dejen embelesar por el poder mediático de las ONG que suele amedrentar a cortesanos y mediocres.

EXPRESO

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