Es seguro que, luego de que se dicte sentencia hoy en el juicio a Fujimori, el debate político será dominado por el caso durante un buen rato. Por ello, antes de que eso ocurra, sería bueno recordar el tema económico para no olvidarlo, dado que continúan siendo decepcionantes los resultados en lo que va del año.
Para empezar, el crecimiento del primer trimestre ha sido bastante más bajo que lo esperado y es probable que no haya llegado ni a 3%. Las causas de la desaceleración fueron una inversión privada deprimida por la gravedad de la recesión en el exterior y por la frenada en el gasto público que se aplicó en la segunda mitad del año. Para contrarrestarla, el Gobierno anunció un plan anticrisis, que buscaba revertir la caída en las expectativas empresariales y aplicar un estímulo fiscal. Sin embargo, en algunos sectores parece que existiera letargo y, hasta el momento, no han logrado implementarlo. La baja ejecución de la inversión en las entidades del Estado, a marzo, es una confirmación de que, pese a la preocupación por acelerar el gasto, este continúa trabado. Una manera de acelerarlo sería agilizar el mecanismo de pago de impuestos en obras, para lo cual habría que simplificar el engorroso reglamento que se ha publicado.
Pero no solo se requiere aumentar el gasto público. Es necesario también mantener los niveles de consumo privado, al ser poco probable que en el próximo par de años haya utilidades para aumentar los salarios. En la mesa, esta semana, hay dos propuestas: una para aumentar en 750 soles mensuales el monto no tributable de los salarios y, la otra, para retornar el IGV al nivel de 18% que se tuvo durante muchos años. De las dos, ya que el Fisco no podría soportar el impacto de ambas medidas ante la caída en la recaudación, yo me inclinaría por aumentar el monto a partir del cual empieza a tributar el trabajador. Incluso, esta propuesta tiene la ventaja de poder ser implementada en etapas para ir, gradualmente, aumentando la disponibilidad de recursos para el asalariado. Con ello no solo se aumenta el consumo sino también se haría justicia, ya que sería la primera vez, en muchos años, que el sufrido contribuyente que está en planilla vería reducida su carga tributaria, con lo cual la medida ayudaría no solo a la reactivación sino que, también, haría más atractiva la formalización.
Para empezar, el crecimiento del primer trimestre ha sido bastante más bajo que lo esperado y es probable que no haya llegado ni a 3%. Las causas de la desaceleración fueron una inversión privada deprimida por la gravedad de la recesión en el exterior y por la frenada en el gasto público que se aplicó en la segunda mitad del año. Para contrarrestarla, el Gobierno anunció un plan anticrisis, que buscaba revertir la caída en las expectativas empresariales y aplicar un estímulo fiscal. Sin embargo, en algunos sectores parece que existiera letargo y, hasta el momento, no han logrado implementarlo. La baja ejecución de la inversión en las entidades del Estado, a marzo, es una confirmación de que, pese a la preocupación por acelerar el gasto, este continúa trabado. Una manera de acelerarlo sería agilizar el mecanismo de pago de impuestos en obras, para lo cual habría que simplificar el engorroso reglamento que se ha publicado.
Pero no solo se requiere aumentar el gasto público. Es necesario también mantener los niveles de consumo privado, al ser poco probable que en el próximo par de años haya utilidades para aumentar los salarios. En la mesa, esta semana, hay dos propuestas: una para aumentar en 750 soles mensuales el monto no tributable de los salarios y, la otra, para retornar el IGV al nivel de 18% que se tuvo durante muchos años. De las dos, ya que el Fisco no podría soportar el impacto de ambas medidas ante la caída en la recaudación, yo me inclinaría por aumentar el monto a partir del cual empieza a tributar el trabajador. Incluso, esta propuesta tiene la ventaja de poder ser implementada en etapas para ir, gradualmente, aumentando la disponibilidad de recursos para el asalariado. Con ello no solo se aumenta el consumo sino también se haría justicia, ya que sería la primera vez, en muchos años, que el sufrido contribuyente que está en planilla vería reducida su carga tributaria, con lo cual la medida ayudaría no solo a la reactivación sino que, también, haría más atractiva la formalización.



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