4.4.09

El golpe de timón que se espera del G-20

La llamada cumbre del G-20, que reunió en Londres a líderes de países del primer mundo y de otros emergentes, ha tenido resultados concretos que no pueden quedar en el papel, para poder recuperar la confianza y lograr la recomposición de la economía a mediano y largo plazos.

Se ha acordado un plan de financiamiento, por más de un billón de dólares, para fortalecer la economía mundial, así como la supervisión más estricta de la regulación bancaria, de los fondos de cobertura y de los paraísos fiscales. Esto último introduce el imprescindible factor ético y de responsabilidad empresarial y gubernamental, que había sido descuidado en las últimas décadas por los promotores del sistema capitalista.

En dicho contexto, por la envergadura de la crisis, resulta saludable y necesario el llamado a empezar a actuar ya. Por lo mismo, si bien el repunte de las bolsas mundiales de ayer, al terminar la cita, puede ser considerado como una señal positiva, del otro lado hay signos negativos que no pueden dejarse de lado.

Según reportes de ayer, solo en Estados Unidos se han perdido dos millones de puestos de trabajo en lo que va del año, mientras que voceros de las Naciones Unidas advierten que, de no tomarse medidas urgentes y efectivas, el desempleo podría afectar a cerca de nueve millones de personas en la región latinoamericana.

Otro acuerdo prevé un fondo de 50 mil millones de dólares para el comercio y el desarrollo en los países pobres, a los que no puede tratarse como convidados de piedra. Es más, la relativa fortaleza de algunos de ellos, como el Perú, se debe precisamente a la disciplina fiscal y al orden económico, siguiendo reglas que no respetaron los países donde se generó la crisis.

En tal coyuntura, son muy importantes los compromisos antiproteccionistas y por la reforma de las instituciones financieras, lo que deberá incluir un sistema de alerta temprana, para evitar que se repita la debacle de Wall Street, plagada de activos tóxicos, que nadie advirtió a tiempo ni asumió responsabilidad por ello.

Se ha aprobado también severas sanciones a los paraísos fiscales, en el entendido de que, a más de lavado de activos, promueven evasiones fiscales y tributarias impunemente y a la vista de todos. Lo mismo puede decirse de las desproporcionadas primas a los ejecutivos de bancos y financieras, que luego del escándalo de AIG en Estados Unidos, han puesto en guardia a ahorristas y contribuyentes. ¿Tenía que suceder una crisis como la actual para que recién se dieran cuenta de esta distorsionante realidad?

Es mucho lo que se espera de la cumbre. Los acuerdos, a ser financiados por los gobiernos, deben ser materia de seguimiento exhaustivo, pues son el primer intento concertado de respuesta rápida y seria a la gravísima crisis presente. En ese objetivo, hay que recordar que la economía es una ciencia que demanda, como todas, un enfoque ético y moral para cumplir su objetivo de servir a la sociedad y no a unos cuantos aprovechados.

EL COMERCIO

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