sí como lo oyen. Alberto Fujimori dejó a un lado las entreveradas coartadas legales de su abogado y apeló a aquella parte del país que cree que la pacificación bien valía los muertos de La Cantuta, Barrios Altos y otros.
Se me pide un sueño imposible, dijo, que es el de civilizar la guerra, de ganar la guerra sin costo social.
“Asumí la defensa del Estado y puse en peligro mi vida”, declaró el hombre que se escondió en la Embajada de Japón durante la breve rebelión del general Salinas, el que puso miles de policías entre él y la población durante la jornada de los Cuatro Suyos y el que huyó al Asia y renunció por fax.
“Yo viré la estrategia del Estado frente a la subversión” alardeó frente al tribunal, acusando a Belaunde de distraído y a García de usar métodos de guerra convencional. Y efectivamente entre finales de los 80 y comienzos de los 90 hubo cambios de conducción, que redujeron los actos de represión masiva y los sustituyeron por una acción más selectiva.
Pero es de esa “selectividad” que se está discutiendo en el juicio en el local de la Dinoes. El Grupo Colina no es expresión de un ejército desorientado que golpea a ciegas, imaginando que de diez pobladores muertos uno tendría que ser necesariamente senderista.
No. La creación de los 90 buscaba a sus víctimas con nombre propio. Y, por cierto, fueron muchos más que los 25 muertos por los que se le procesa.
¿A quién nombrarán los libros?, se preguntó el ex dictador. Y como lo haría uno de sus imitadores, respondió a Alberto Fujimori, por supuesto. Tal vez no se equivoque y resulte el primer presidente del Perú condenado por delitos de lesa humanidad.
RAUL WIENER
Se me pide un sueño imposible, dijo, que es el de civilizar la guerra, de ganar la guerra sin costo social.
“Asumí la defensa del Estado y puse en peligro mi vida”, declaró el hombre que se escondió en la Embajada de Japón durante la breve rebelión del general Salinas, el que puso miles de policías entre él y la población durante la jornada de los Cuatro Suyos y el que huyó al Asia y renunció por fax.
“Yo viré la estrategia del Estado frente a la subversión” alardeó frente al tribunal, acusando a Belaunde de distraído y a García de usar métodos de guerra convencional. Y efectivamente entre finales de los 80 y comienzos de los 90 hubo cambios de conducción, que redujeron los actos de represión masiva y los sustituyeron por una acción más selectiva.
Pero es de esa “selectividad” que se está discutiendo en el juicio en el local de la Dinoes. El Grupo Colina no es expresión de un ejército desorientado que golpea a ciegas, imaginando que de diez pobladores muertos uno tendría que ser necesariamente senderista.
No. La creación de los 90 buscaba a sus víctimas con nombre propio. Y, por cierto, fueron muchos más que los 25 muertos por los que se le procesa.
¿A quién nombrarán los libros?, se preguntó el ex dictador. Y como lo haría uno de sus imitadores, respondió a Alberto Fujimori, por supuesto. Tal vez no se equivoque y resulte el primer presidente del Perú condenado por delitos de lesa humanidad.
RAUL WIENER



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