8.4.09

La Lima de Fuentes

Por Mirko Lauer

Hernán Fuentes, presidente de la región Puno, sigue haciendo un triste tipo de noticia. En una semana de intensa actividad, se trasladó sorpresivamente a Lima para evitar encontrarse con una marcha de protesta contra él; en Lima plantó a un grupo de congresistas que lo había citado, y lanzó su campaña electoral con un polícromo afiche donde se declara “esperanza de los cholos”.

Los medios puneños califican el desplazamiento de Fuentes a Lima como nada menos que una fuga frente a una marcha de protesta de los habitantes de Yunguyo y Melgar a Puno: dejó cerrado el local de la presidencia y, hace notar el diario Los Andes, los trabajadores tuvieron que dedicarse a “deambular por los alrededores sin preocuparse por atender al público”.

En Lima Fuentes se dedicó a pegar afiches (algunos ya adornan la Vía expresa), pero no a presentarse ante el Congreso que lo ha citado. Su argumento: los congresistas se encuentran por debajo de los presidentes regionales y, por tanto, carecen de autoridad alguna para citarlos a rendir cuentas. Los congresistas han respondido pidiendo a la contraloría auditar Puno. En realidad Genaro Matute tiene un año investigando la gestión de Fuentes sin sombra de un resultado.

En el fondo la declaración de Fuentes sobre jerarquías políticas es parte de la respuesta que siguen esperando los congresistas puneños liderados por Aldo Estrada: la anticonstitucional denominación Región Federal Autónoma Quechua-Aymara es parte de un proyecto de moralización (en el sentido de Evo Morales) de este controvertido político.

Los Andes da por sentado que los flamantes afiches etnopolíticos del Frente Amplio Peruano son parte de una campaña por llegar a la Presidencia de la República. Pero no descartemos que el blanco sea simplemente reelegirse en casa, a la vez que oculta sus incapacidades e inconductas administrativas bajo el manto de una campaña polémica y permanente hasta el 2010. Además una campaña alejada de Puno todo lo que sea posible.

El círculo de los críticos de Fuentes es cada vez más amplio, y está cada vez más exasperado. Incluye a su vicepresidente, a su hermano, a sus consejeros regionales, y ciertamente a buena parte de la población. Pero todo eso solo ha servido para reafirmar a Fuentes en su particular estilo, y ahora lanzarlo a la escena nacional.

Fuentes es una excepción entre los presidentes regionales. Con uno que otro leve hipo, ellos han demostrado, cada uno dentro de sus capacidades personales, real preocupación por cumplir adecuadamente su encargo político. El modelo regionalizador es bastante perfectible, pero la buena voluntad cívica de sus protagonistas es real.

LA REPUBLICA

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