8.4.09

Martes de oprobio

La argolla mediática de la progresía, las ONG derechohumanistas y todo el caviaraje podrán decir que ayer se hizo justicia y el resto de clichés con los que nos bombardearán por años. Pero algún día, cuando el odio visceral hacia Fujimori haya quedado atrás, el martes siete de abril de 2009 será visto como un día de oprobio en la historia peruana.
Ni los más encarnizados enemigos del ex presidente esperaban una sentencia de esta naturaleza. La Sala superó sus pretensiones más afiebradas con un fallo aberrante, dando calidad de “prueba” a recortes periodísticos, libros escritos por felones que así tratan de borrar su pasado de fujimoristas rabiosos, el sesgado informe de la nefasta CVR, testimonios de oídas, y declaraciones de “colaboradores eficaces” capaces de decir que la Tierra es cuadrada y que el Sol sale de noche con tal de obtener una reducción de su condena.


Como bien escribió anoche una anónima cibernauta en la página web de El Comercio: “todo esto tendría sentido y sería un buen precedente de la justicia peruana si Alan García ya hubiese sido condenado por las violaciones de derechos humanos que sí se cometieron en su primer mandato, y si antes de que hubiese muerto Belaúnde se le hubiera enjuiciado y metido preso por lo mismo. La CVR concluyó que la mayoría de matanzas se hicieron en los gobiernos de Belaúnde y García. ¿Por qué ellos no fueron juzgados? ¿Por qué ellos no han pagado aún y por qué sí Fujimori?”.

La respuesta a estas preguntas es muy sencilla. Belaúnde y García no ganaron la guerra contra el terror. Fujimori sí. Había, en consecuencia, que darle una lección inolvidable, para que en el futuro ningún gobernante (y de paso, ningún militar, en el fondo por ahí va la cosa) se atreva a combatir con firmeza un nada descartable rebrote terrorista. Porque el premio que le espera a quien lo haga es la ignominia y la cárcel. Ese es el mensaje central de esta persecución implacable contra Fujimori. Y mucha razón tiene el congresista Raffo cuando sostiene que con este fallo se le ha dado la más grande de las victorias a Sendero. Abimael Guzmán, añadimos, debe haber estado de jarana anoche.

Como le consta a los lectores de esta columna, desde el día que el ex presidente fue extraditado sostuvimos que la suya era la crónica de una condena anunciada. Ciertamente, no nos alegra que se haya cumplido el pronóstico. Esperamos no equivocarnos tampoco al sostener, ahora, que tras lo de ayer Keiko Fujimori tiene abiertas las puertas de Palacio en 2011, gracias a la cooperación de quien se ha convertido en su involuntario jefe de campaña: César San Martín.


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LA RAZON

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