14.4.09

La verdad emboscada

Las emboscadas en que han muerto 14 miembros del Ejército en el valle Río Apurímac-Ene (VRAE) merecen condena y preocupación, pero no por las razones que aduce el gobierno.

La idea predominante es que el crimen fue obra de senderistas, cuando en verdad se trata del terror ejercido por el narcotráfico con senderistas a su servicio. A partir de la captura de Abimael Guzmán, el senderismo se vino abajo. Así lo indican las estadísticas y hasta algunas expresiones literarias de los fieles del “Presidente Gonzalo”.

En esos días los senderistas creían lo que Guzmán sostenía: que habían alcanzado el equilibrio estratégico. Caído Guzmán, los dominó el desaliento, síntoma del carácter vertical y personalista de la organización.

Nadie puede sostener que Sendero haya acometido en los últimos años acciones armadas sistemáticas.

¿De dónde emergería, entonces, un atentado tan grave como el reciente? ¿Es acaso un relámpago en un cielo sereno?

No olvidemos que desde hace más de 40 años la zona de las emboscadas ha sido área de tráfico y comercialización de droga, y, más recientemente, elaboración de cocaína.

En una época, la acción de Sendero desplazó esas actividades a segundo plano.

Por lo demás, estaba y está claro que sin la complacencia de autoridades militares y policiales no hubieran llegado hasta esa región los copiosos insumos para el procesamiento de las hojas de coca.

El negocio ilícito ha crecido demasiado. Su poderío incluye hoy sus propios destacamentos, fuertemente armados y desalmados. Esa es la lógica de los carteles acá, como antes en Colombia y en México.

Remanentes del senderismo, en fuga, se han puesto al servicio de los traficantes. Son narcoterroristas porque son mercenarios al servicio de los narcos.

El objetivo y la estrategia oficiales están, por eso, errados.

El Ejército peruano, uno de los mejor preparados del mundo para la lucha antisubversiva, no debe ser enviado a ciegas para disparar contra un blanco errado.

Flores-Aráoz no es hombre apto para dirigir la lucha contra el terrorismo narco. Es un ministro de Defensa indefendible. Alan García lo ha puesto allí sólo porque lo sabe defensor de desmanes militares.

No se ha percatado el ministro del origen, la naturaleza y la amenaza de la violencia que se ha desatado en el VRAE. Su frase: “es normal que ocurran este tipo de emboscadas” no revela tacto ni respeto por las víctimas.

También ha afirmado que “al VRAE van soldados preparados”. Pero las edades de los muertos y heridos (18, 20, 21, 26 años) lo desmienten.

Grave sería que las fuerzas del orden, desmoralizadas, puedan retornar en la selva a métodos de represión contra inocentes. Y que círculos políticos se lancen, entonces, contra los defensores de los derechos humanos. La historia no debe repetirse.

LA PRIMERA

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