Hasta mediados del siglo pasado se decía que una madre debería tener no menos de cuatro hijos, uno para que pueda dedicarse al comercio o al negocio de la familia, otro para que se dedique a una carrera de armas, mientras que el tercero debería tomar la sotana y, el cuarto, asumir función pública. El trabajar para el Estado estaba considerado en el mismo nivel que el servir a Dios, el defender a la patria, o ser exitoso en el mercado. Sin embargo, la situación ha variado y el cuarto hijo tendría hoy dificultad en justificar una vocación de servicio a la Nación.
¿Por qué se ha devaluado tanto en la escala laboral el trabajar para el Estado? Bueno, el tema de la remuneración es fundamental y, evidentemente, la falta de una política de incentivos que diferencie y recompense al productivo, desalienta el ingreso del más efectivo. Por otro lado, el absurdo techo en los salarios máximos, fijado arbitrariamente por el presidente, ha creado uniformidad en los ingresos estatales, y ha juntado en el mismo nivel a las cuatro principales categorías de funcionarios, aplastando cualquier motivación para ascender, al menos en lo que respecta a la remuneración. Como el tema del tope parece ser una obsesión de García, habrá que esperar hasta el próximo gobierno para contar con una coherente política salarial estatal.
Sin embargo, siempre existe la satisfacción del servicio público que hace que muchos se decidan por esa opción, pese a que en el mercado su remuneración sería mucho mayor. En esos casos, parece ser más bien el Congreso el encargado de desalentarlos, con lo cual ese poder termina jugando en pared con Palacio para deteriorar, en conjunto, el nivel del Estado. El absurdo rechazo al Sr. Beteta sin siquiera haber escuchado sus propuestas para modernizar la Contraloría, así como el maltrato que recibe la mayoría de funcionarios que son convocados para explicar algún tema a los parlamentarios, confirma que en la Plaza Bolívar no hay interés alguno en elevar la calidad del servicio público. Al contrario, su función parece ser el ahuyentarlos. Incluso, daría la impresión de que el nivel promedio de los congresistas (que es muy bajo) sería el estándar más alto que ellos permitirían para los principales cargos del Estado, con lo cual son cada vez menos los dispuestos a sacrificarse por la vocación de servir a la Nación.
PERU21
¿Por qué se ha devaluado tanto en la escala laboral el trabajar para el Estado? Bueno, el tema de la remuneración es fundamental y, evidentemente, la falta de una política de incentivos que diferencie y recompense al productivo, desalienta el ingreso del más efectivo. Por otro lado, el absurdo techo en los salarios máximos, fijado arbitrariamente por el presidente, ha creado uniformidad en los ingresos estatales, y ha juntado en el mismo nivel a las cuatro principales categorías de funcionarios, aplastando cualquier motivación para ascender, al menos en lo que respecta a la remuneración. Como el tema del tope parece ser una obsesión de García, habrá que esperar hasta el próximo gobierno para contar con una coherente política salarial estatal.
Sin embargo, siempre existe la satisfacción del servicio público que hace que muchos se decidan por esa opción, pese a que en el mercado su remuneración sería mucho mayor. En esos casos, parece ser más bien el Congreso el encargado de desalentarlos, con lo cual ese poder termina jugando en pared con Palacio para deteriorar, en conjunto, el nivel del Estado. El absurdo rechazo al Sr. Beteta sin siquiera haber escuchado sus propuestas para modernizar la Contraloría, así como el maltrato que recibe la mayoría de funcionarios que son convocados para explicar algún tema a los parlamentarios, confirma que en la Plaza Bolívar no hay interés alguno en elevar la calidad del servicio público. Al contrario, su función parece ser el ahuyentarlos. Incluso, daría la impresión de que el nivel promedio de los congresistas (que es muy bajo) sería el estándar más alto que ellos permitirían para los principales cargos del Estado, con lo cual son cada vez menos los dispuestos a sacrificarse por la vocación de servir a la Nación.
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