Estremecedor, más quizá que el primero, el segundo alegato de autodefensa. Y sobrecogedora la frase “ya el infierno de la guerra se apagó, ahora sólo queda Alberto Fujimori en prisión”. Pero en un juicio los giros literarios no cuentan. Por eso, de toda su última intervención, rescatamos dos argumentos demoledores del ex presidente, éstos sí jurídicos: “como acusado, no tengo que probar mi inocencia, la Fiscalía y la parte civil están en la obligación de probar la culpabilidad. Y ninguno de los cerca de 80 testigos, ninguno de los 600 documentos que han pasado en más de 150 audiencias por aquí, en estos 15 meses, ha podido probar que haya ordenado o participado en los asesinatos de Barrios Altos y La Cantuta”. Y por supuesto este otro: “¿fue parte de la política institucional del gobierno de Alan García exterminar a campesinos en Cayara y Accomarca? ¿Fue parte de la política institucional de Fernando Belaunde los cientos de desaparecidos que ahora se están descubriendo en el cuartel Los Cabitos y en las fosas comunes de Putis? ¿Qué diferencia hay? ¿Por qué Alan García y Fernando Belaunde son inocentes y Alberto Fujimori es culpable? ¿Por qué la doble vara?”.
Respecto a lo primero, lo hemos dicho aquí hasta la saciedad, para la justicia peruana, lamentablemente, todos son culpables hasta que se demuestre su inocencia. En especial para esos “tribunales de sangre” mal llamados juzgados anticorrupción. Y sobre la doble vara, ya lo repetimos también hasta el hartazgo, ocurre que Fujimori se enfrenta a una alianza de odios en la que están juntos y revueltos las ONG derechohumanistas, los caviares y marxistas jurásicos, los fujimoristas reciclados en los medios “correctos” que pretenden borrar su pasado vomitando bilis y buena parte del establishment que aún no digiere que un hijo de inmigrantes japoneses nos haya gobernado (Y ojo que no es tan exacto que García haya pasado piola. El próximo en la lista es él por El Frontón, como ya anunció el caviar De la Jara meses atrás).
Así que este es un juicio político, aunque San Martín diga lo contrario. Muy bonito el discurso sobre independencia y ausencia de presiones que pronunció al final de la audiencia, pero eso de anunciar que la Sala dictará sentencia el martes no solo habla de prisa sino, sobre todo, de algo ya preparado hace mucho por el tribunal. ¿En un solo día útil, incluso en tres si trabajan el fin de semana, van a analizar 132 tomos con 68,300 folios, los alegatos de Nakazaki y las dos intervenciones de Fujimori? Ni Mandrake. Además, el pez por la boca muere. Lean en la página 3 lo que declaró el fiscal Peláez: el “esqueleto” de la sentencia estaba listo desde el primer día del megajuicio. ¡O sea...!
A estas alturas, y teniendo en cuenta que en sus dos intervenciones mencionó el infierno, a Fujimori bien se le podrían aplicar esas líneas de Rimbaud que dicen: “Antes, si mal no recuerdo, mi vida era un festín donde se abrían todos los corazones... ahora estoy maldito, tengo horror de la patria”. Porque, ¿qué presidente del Perú en el futuro se atreverá a combatir un eventual rebrote terrorista a sabiendas de que acabará sentado en un banquillo acusado de criminal? Así que cuidado, no nos engañemos. El martes no solo condenan a Fujimori. Nos condenan a todos.
LA RAZON
Respecto a lo primero, lo hemos dicho aquí hasta la saciedad, para la justicia peruana, lamentablemente, todos son culpables hasta que se demuestre su inocencia. En especial para esos “tribunales de sangre” mal llamados juzgados anticorrupción. Y sobre la doble vara, ya lo repetimos también hasta el hartazgo, ocurre que Fujimori se enfrenta a una alianza de odios en la que están juntos y revueltos las ONG derechohumanistas, los caviares y marxistas jurásicos, los fujimoristas reciclados en los medios “correctos” que pretenden borrar su pasado vomitando bilis y buena parte del establishment que aún no digiere que un hijo de inmigrantes japoneses nos haya gobernado (Y ojo que no es tan exacto que García haya pasado piola. El próximo en la lista es él por El Frontón, como ya anunció el caviar De la Jara meses atrás).
Así que este es un juicio político, aunque San Martín diga lo contrario. Muy bonito el discurso sobre independencia y ausencia de presiones que pronunció al final de la audiencia, pero eso de anunciar que la Sala dictará sentencia el martes no solo habla de prisa sino, sobre todo, de algo ya preparado hace mucho por el tribunal. ¿En un solo día útil, incluso en tres si trabajan el fin de semana, van a analizar 132 tomos con 68,300 folios, los alegatos de Nakazaki y las dos intervenciones de Fujimori? Ni Mandrake. Además, el pez por la boca muere. Lean en la página 3 lo que declaró el fiscal Peláez: el “esqueleto” de la sentencia estaba listo desde el primer día del megajuicio. ¡O sea...!
A estas alturas, y teniendo en cuenta que en sus dos intervenciones mencionó el infierno, a Fujimori bien se le podrían aplicar esas líneas de Rimbaud que dicen: “Antes, si mal no recuerdo, mi vida era un festín donde se abrían todos los corazones... ahora estoy maldito, tengo horror de la patria”. Porque, ¿qué presidente del Perú en el futuro se atreverá a combatir un eventual rebrote terrorista a sabiendas de que acabará sentado en un banquillo acusado de criminal? Así que cuidado, no nos engañemos. El martes no solo condenan a Fujimori. Nos condenan a todos.
LA RAZON



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