Por Augusto Álvarez Rodrich
alvarezrodrich@larepublica.com.pe
El semáforo ético es un riesgo para la prensa libre
No tengo duda de la buena intención de las luces rojas que la Asociación Nacional de Anunciantes (ANDA) les pone a los programas de TV que cree que ‘se pasan de la raya’, pero tampoco dudo de que este mecanismo es un exocet en la línea de flotación del frágil barquito de la libertad de expresión en el Perú.
Cuando ANDA cree que un programa no promueve la veracidad, respeto a la dignidad de la persona humana ni la responsabilidad social, le prende la luz roja de su ‘semáforo ético’. Esto significa una recomendación al anunciante para no poner publicidad en el mismo con el fin de ahogarlo financieramente para que recapacite y se vuelva, digamos, ‘positivo’.
Es lo que acaba de hacer ANDA con Magaly Medina porque no fue veraz en los casos de Paolo Guerrero y Angie Jibaja. Dicen que si esto se cumpliera, el programa perdería 43% de sus ingresos; sólo en mayo, unos US$ 600,000. Medina ha acusado que este semáforo, así como las denuncias judiciales que le llueven, es un complot de otro canal (¿de la mancha?).
Desde el punto de vista del método periodístico, Magaly metió la pata. Con el futbolista, porque un periodista podrá saber muchas cosas, pero solo puede difundir lo que pueda demostrar. Con la modelo, porque el periodismo implica verificar la información, especialmente la de fuentes tramposas.
Pero cuando ANDA se mete a corregir esos problemas puede ocasionar males peores. Para eso está el Poder Judicial o el Consejo de la Prensa Peruana (cuyo tribunal de ética anda bien, pero su directorio tiene unos silencios tan vergonzosos que hacen dudar de si su objetivo real es defender principios periodísticos o solo el interés particular de sus asociados).
Si ANDA va a decidir qué programas sobreviven, se abre la puerta para que se establezca el imperio del billete en los contenidos periodísticos. Hablemos claro, las empresas siempre buscan una relación cordial con el poder político, expresado ahora en un presidente como Alan García que se cree el ombudsman de la prensa peruana y que ha convencido a los empresarios –incluyendo a varios de los medios de comunicación– de que criticarlo a él es ir contra el ‘sistema’ (que él cree que encarna). Bastará, entonces, que el gobierno le comente a las empresas, con esa sutileza con la que se manejan estos asuntos, sobre los programas o periodistas que no le gustan, para que los publicistas sigan con la ‘limpieza’.
El camino correcto es la autorregulación de los medios y no el imperio del billete y, a través de este, del gobernante de turno. Los medios decentes que quedan en el país deberían evaluar este asunto por todo lo que está en juego en este semáforo ético.
LA REPUBLICA
alvarezrodrich@larepublica.com.pe
El semáforo ético es un riesgo para la prensa libre
No tengo duda de la buena intención de las luces rojas que la Asociación Nacional de Anunciantes (ANDA) les pone a los programas de TV que cree que ‘se pasan de la raya’, pero tampoco dudo de que este mecanismo es un exocet en la línea de flotación del frágil barquito de la libertad de expresión en el Perú.
Cuando ANDA cree que un programa no promueve la veracidad, respeto a la dignidad de la persona humana ni la responsabilidad social, le prende la luz roja de su ‘semáforo ético’. Esto significa una recomendación al anunciante para no poner publicidad en el mismo con el fin de ahogarlo financieramente para que recapacite y se vuelva, digamos, ‘positivo’.
Es lo que acaba de hacer ANDA con Magaly Medina porque no fue veraz en los casos de Paolo Guerrero y Angie Jibaja. Dicen que si esto se cumpliera, el programa perdería 43% de sus ingresos; sólo en mayo, unos US$ 600,000. Medina ha acusado que este semáforo, así como las denuncias judiciales que le llueven, es un complot de otro canal (¿de la mancha?).
Desde el punto de vista del método periodístico, Magaly metió la pata. Con el futbolista, porque un periodista podrá saber muchas cosas, pero solo puede difundir lo que pueda demostrar. Con la modelo, porque el periodismo implica verificar la información, especialmente la de fuentes tramposas.
Pero cuando ANDA se mete a corregir esos problemas puede ocasionar males peores. Para eso está el Poder Judicial o el Consejo de la Prensa Peruana (cuyo tribunal de ética anda bien, pero su directorio tiene unos silencios tan vergonzosos que hacen dudar de si su objetivo real es defender principios periodísticos o solo el interés particular de sus asociados).
Si ANDA va a decidir qué programas sobreviven, se abre la puerta para que se establezca el imperio del billete en los contenidos periodísticos. Hablemos claro, las empresas siempre buscan una relación cordial con el poder político, expresado ahora en un presidente como Alan García que se cree el ombudsman de la prensa peruana y que ha convencido a los empresarios –incluyendo a varios de los medios de comunicación– de que criticarlo a él es ir contra el ‘sistema’ (que él cree que encarna). Bastará, entonces, que el gobierno le comente a las empresas, con esa sutileza con la que se manejan estos asuntos, sobre los programas o periodistas que no le gustan, para que los publicistas sigan con la ‘limpieza’.
El camino correcto es la autorregulación de los medios y no el imperio del billete y, a través de este, del gobernante de turno. Los medios decentes que quedan en el país deberían evaluar este asunto por todo lo que está en juego en este semáforo ético.
LA REPUBLICA



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