7.5.09

Célebres, pero no célibes

LA IGLESIA Y UNA REFORMA IMPOSTERGABLE

Por: Fernando Vivas Periodista

El único obispo que llegó a ser presidente y el cura más popular de la pantalla latina han sido desenmascarados como libidinosos ordinarios.

Fernando Lugo ha tenido que admitir, al menos en uno de los casos que lo acusan, su paternidad irresponsable. Por su culpa, por su grandísima culpa, el nombre de su país, el noble Paraguay, se hará más frecuente en los chistes rojos. Y el padre Alberto Cutié, pillado por la revista “TV Novelas” en una playa de Miami, con las manos sudorosas sobre la masa, fue defenestrado de su parroquia. ¡Hacía campañas recomendando la abstinencia como método contra el sida!

Conclusión: el celibato no funciona y se confirma como la más retrógrada institución de la Iglesia Católica. No lo digo yo, lo piensan millones de fieles muertos de risa mientras cuentan chistes de sexo y religión.

¿Por qué no cancelan el celibato de una buena vez? Por dos razones, una humana y otra política. La primera es que la gerontocracia clerical no entiende la magnitud del problema, porque los achaques la libran de la tentación de pecar (mi argumento es algo abusivo, pero será difícil que me lo rebatan. ¿Se imaginan a un cardenal que defienda su virilidad?).

La razón política es la más importante: la Iglesia sigue utilizando, en su estrategia para captar almas, el sentimiento de culpa que genera el ejercicio de una sexualidad que estigmatiza de mil maneras. Un ser culposo por el deseo irreprimible, es un militante dispuesto a acatar cualquier mandato. Y si a los fieles se predica esta fobia ante el placer sexual, en el sacerdocio, con mayor razón, la castidad ha de ser plena y exacerbar la mortificación de cientos de miles de jóvenes que se entregan a Dios sin conocer todos los rostros de la tentación. Y luego nos escandalizamos ante denuncias de seducción y hasta de violación de menores, que dejan al padre Alberto como un santo varón.

Ojalá la Iglesia Católica vea en este par de casos embarazosos una razón más para cancelar el celibato y dejar de combatir la sexualidad no procreativa. Que no se la agarre contra los que defendemos los derechos sexuales y reproductivos, y se concentre en otros temas de prédica y convocatoria. Lo digo con absoluto respeto por los compromisos de la fe y el amor al prójimo.

Hay maravillosos ejemplos de sacerdotes y devotos que han hecho gran obra sin armarse de castrantes puritanismos.

ELCOMERCIO

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