Por: Beatriz Boza
Hoy enfrentamos en el Perú el dilema de la continuidad. Frente a la crisis financiera internacional de magnitudes históricas, que plantea hasta la nacionalización temporal de la banca, aquí llevamos 91 meses de crecimiento económico. Ante crecientes limitaciones a la libertad de expresión y opciones reeleccionistas que toman cuerpo en la región, los peruanos contamos con un marco legal relativamente estable, un sistema electoral que cada vez inspira más confianza ciudadana y una libertad de expresión que con altibajos se mantiene.
¿Debemos profundizar por el camino andado o es necesario un cambio de timón? ¿Vamos a repetir nuestra ya tradición republicana de cambios revolucionarios o será que el actual sistema económico, político y social va enraizándose en nuestras maneras de proceder? Pensar que tenemos que decidir entre el cambio radical o la férrea continuidad es una disyuntiva falsa porque la continuidad sin cambios es continuismo estéril que prolonga de manera indefinida un mundo sin libertad, sin vida. Y el cambio sin continuidad es solo una vorágine caótica que no conduce a ningún lado; el cambio por el cambio no crea futuro. En la vida en sociedad, son las pequeñas transformaciones continuas las que garantizan estabilidad porque al articular la continuidad dan cabida a la libertad de innovar, crear y mejorar.
Crear muchas veces supone modificar el orden establecido, otras destruirlo, otras recrearlo. Quizás todos los cambios no resultan acertados, algunos incluso son equivocados, pero lo determinante son los valores que motivan, sirven de norte y sostienen la vocación de cambio. Esas transformaciones continuas son las que crean institucionalidad.
Esta semana presenciamos dos claros ejemplos de institucionalidad. Celebrar 170 años y continuar pujante en nuestra sociedad demuestra la fuerza de la veracidad e independencia, valores que inspiran la continuidad en el cambio de este Diario. El Comercio, qué duda cabe, es toda una institución. Otro es el Banco de Crédito, que al hacer una transferencia ordenada a la siguiente generación, esto en una organización de 120 años, es un ejemplo de cómo institucionalizar el cambio. Dionisio Romero Seminario planteó que un líder debe lograr que su gente “se ponga la camiseta” pues sin colaboradores motivados y comprometidos no hay calidad de servicio, eficiencia ni rentabilidad, valores del BCP. Romero Paoletti mencionó además la transparencia.
El mensaje que ambas instituciones nos dejan es que el respeto a las personas, la transparencia y la veracidad son valores que crean institucionalidad.
EL COMERCIO
Hoy enfrentamos en el Perú el dilema de la continuidad. Frente a la crisis financiera internacional de magnitudes históricas, que plantea hasta la nacionalización temporal de la banca, aquí llevamos 91 meses de crecimiento económico. Ante crecientes limitaciones a la libertad de expresión y opciones reeleccionistas que toman cuerpo en la región, los peruanos contamos con un marco legal relativamente estable, un sistema electoral que cada vez inspira más confianza ciudadana y una libertad de expresión que con altibajos se mantiene.
¿Debemos profundizar por el camino andado o es necesario un cambio de timón? ¿Vamos a repetir nuestra ya tradición republicana de cambios revolucionarios o será que el actual sistema económico, político y social va enraizándose en nuestras maneras de proceder? Pensar que tenemos que decidir entre el cambio radical o la férrea continuidad es una disyuntiva falsa porque la continuidad sin cambios es continuismo estéril que prolonga de manera indefinida un mundo sin libertad, sin vida. Y el cambio sin continuidad es solo una vorágine caótica que no conduce a ningún lado; el cambio por el cambio no crea futuro. En la vida en sociedad, son las pequeñas transformaciones continuas las que garantizan estabilidad porque al articular la continuidad dan cabida a la libertad de innovar, crear y mejorar.
Crear muchas veces supone modificar el orden establecido, otras destruirlo, otras recrearlo. Quizás todos los cambios no resultan acertados, algunos incluso son equivocados, pero lo determinante son los valores que motivan, sirven de norte y sostienen la vocación de cambio. Esas transformaciones continuas son las que crean institucionalidad.
Esta semana presenciamos dos claros ejemplos de institucionalidad. Celebrar 170 años y continuar pujante en nuestra sociedad demuestra la fuerza de la veracidad e independencia, valores que inspiran la continuidad en el cambio de este Diario. El Comercio, qué duda cabe, es toda una institución. Otro es el Banco de Crédito, que al hacer una transferencia ordenada a la siguiente generación, esto en una organización de 120 años, es un ejemplo de cómo institucionalizar el cambio. Dionisio Romero Seminario planteó que un líder debe lograr que su gente “se ponga la camiseta” pues sin colaboradores motivados y comprometidos no hay calidad de servicio, eficiencia ni rentabilidad, valores del BCP. Romero Paoletti mencionó además la transparencia.
El mensaje que ambas instituciones nos dejan es que el respeto a las personas, la transparencia y la veracidad son valores que crean institucionalidad.
EL COMERCIO



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