10.5.09

Comisarías

Sin duda es importante que la Policía Nacional del Perú (PNP) cuente con los recursos logísticos y financieros adecuados, y la infraestructura idónea para cumplir su misión constitucional, que no es otra que prevenir y perseguir el delito, así como defender el orden público interno. Sin embargo, solo con más presupuesto no se garantiza per se la seguridad ciudadana.

Se requiere también otros intangibles, entre los que destacan la vocación de servicio del policía, la mística, el pundonor y la buena voluntad para atender al público del personal técnico y de la oficialidad.

Es verdad que en muchas estaciones policiales faltan computadoras, mobiliario y patrulleros. No obstante, para asistir eficientemente al ciudadano lo más inmediato a tener en cuenta es el buen trato y mejor disposición del agente policial. Y ello se logra con la constante y sistemática profesionalización de todos y cada uno de los policías. Se dice frecuentemente que la educación es la llave del desarrollo, de manera que los efectivos policiales necesitan pasar por el tamiz ad hoc que los convierta en personas que no solo visten uniforme sino que están dispuestas a honrarlo y preservarlo de la mala imagen.

Predisposición y conciencia son suficientes para que, cuando llegue el momento, la Policía reciba a los ciudadanos en las comisarías cuando solicitan ayuda y, sobre todo, cuando lo que hace falta son acciones concretas para gente que pasa a ser víctima de la delincuencia callejera. Por ejemplo, de robos, lesiones, violación a su integridad física o moral. No es automático que con la instalación de computadoras se vayan a transformar los usos y las malas costumbres que actualmente se constatan en varias unidades policiales, la mayoría de ellas (como las comisarías) muy poco proactivas, lentas a la hora de recibir, escuchar y sobre todo tardías al momento de actuar cuando un joven, una mujer o un hombre acuden a la PNP para que persiga a quien le ha sustraído algo o la ha agredido.

Por supuesto que hay procedimientos engorrosos en las investigaciones del delito. Eso lo sabemos y se da no solo en la instancia policial sino también en la tantas veces errática Fiscalía o, inclusive, en los juzgados civiles o penales, como cuando se dejan de lado los indicios razonables de delito –y hasta se ningunea a testigos presenciales de gruesos delitos cometidos– y se acaba liberando a malhechores de prontuario; o cuando se descarta una denuncia simplemente porque el denunciante no pudo mostrar la factura, por ejemplo, de una cadeneta de oro o de un teléfono celular –adquirido con su esfuerzo personal– que le fueran arrebatados. Lo propio ocurre cuando se conoce la dirección e identidad del delincuente y no se le aprehende –por temor indebido– a pesar de que hay denunciantes que aseguran haber sido víctimas de asalto y robo perpetrados por aquellos sujetos. Esta es la impunidad que se ve a diario en el mundo real. Y ello debe cambiar para beneficio de la sociedad. Cierto que se conseguirá con apoyo logístico y buenas remuneraciones, pero no será perdurable en el tiempo mientras no sumemos también las demás condiciones, como alcanzar la debida selección y dar la adecuada preparación profesional al personal policial que de verdad cuente con vocación para ser parte de esa gloriosa institución titular: la PNP.

expreso

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