10.5.09

A todas las madres

LA COLUMNA DEL EDITOR

Los hombres pedimos socorro en este día porque como siempre, levantamos el nombre de nuestras madres, vendemos, compramos, homenajeamos, discurseamos, etc., la traemos imaginariamente en medio de copas y brindamos sin tenerlas presentes, cuando la pleitesía debería centrarse en ellas. Lamentablemente no es así. Durante todo el año, cuando se levanta su nombre es para insultar a alguien, la mentamos. Paradoja talvez, pero sólo en este día especialísimo, es el único que cuando se levanta su nombre es para homenajearla. Entonces rindámosle un verdadero tributo. Que no sea como ocurre cotidianamente. Esperamos que hoy no la tengamos en la cocina, para que sigamos haciéndola tender la mesa o fregar las ollas, pues lindo regalo sería también para el Día del Padre echarnos encima los quehaceres. Pero no, eso no sería posible, porque en nuestra sociedad machista es el hombre el que tiene el garrote, el mando y la patente de corso para, a nombre de la esclava, hoy día normalmente se emborrache "pensando en su viejita". Claro, la madre del machista, ella sí es madre, pero la esposa, la madre de sus hijos ¿ella no lo es? El día de la madre tiene que soportar los berrinches acostumbrados. Si así vamos a homenajearla, mejor no lo hagamos. Hacemos un paréntesis, para recalcar, que es desde la niñez, donde la misma mujer contribuye a esa costumbre absurda de considerar que los hombres no lloran, no se quejan, no lavan, no deben planchar y menos cocinar. Todo eso lo debe de hacer la mujer, encima soportar los golpes, insultos, infidelidades y además deben de tener la comida lista y calientita para que cuando el borracho llegue muerto de hambre pueda saciar esa apetencia y las otras. Pobre de la esposa que se atreva a quejarse a la suegra. Ella en lugar de sancionar o llamar la atención al machista, le dirá: "Tu no lo comprendes, él tiene muchos problemas; además, yo también soportaba enhiesta los golpes de su padre, y, como vez, sigo adelante". Con semejante lógica, cualquier quejosa recibirá "tras cuernos, palos". Y vaya si recibe esos adornos, porque si de eso hablamos nos quería pequeño este artículo, porque la pobre madre, tendrá que soportar durante años, las infidelidades públicas del macho de América que dizque, quiere a su viejita. Ellas tendrán que tragarse también la cólera y la decepción. Pero de plano tendrá que soportar igual este día, y quienes le alegren la vida, seremos sus hijos, los futuros machistas que haremos con ella lo mismo. Entonces, con todo lo expuesto y conocido algunos casos, ¿se podrá realmente celebrar el Día de la Madre? ¡Intentémoslo! ¡Hagámoslo! Por eso es que hemos querido hacer un homenaje real, descarnado de nuestra realidad y del sufrimiento de la madre en su cabal concepción. A esa mujer, madre, amante, trabajadora ambulante, administradora de los exiguos recursos del hogar, paño de lágrimas, defensora de su hombre y de sus hijos; también esclava, cocinera, ama de casa, rescoldo de placer y hasta saco de arena para recibir golpes. A ti, mujer contrabandista, que debes evadir controles para llevar un pan a los hogares de los que te miramos impávidos. A ellas, las que hoy irán a los penales a visitar a sus hijos, que pagan con la sombra la insensatez de sus actos. Qué cruda es la realidad madre, a veces quisiéramos tener tu fortaleza, tu corazón, tu amor. Nos das la vida, y te la seguimos quitando. ¡Perdónanos! Pero como respuesta a todo esto, tu estás ahí, fuerte y vital, dando a todos esperanza y valor, demostrando que eres más fuerte que todas las circunstancias adversas. Ahí te tenemos, siempre junto a tus hijos y hasta a lado del más rebelde y débil de todos: tu hombre. Madre peruana, madre puneña, eres la vida y la bendición caminando y haciendo patria; tu hijo que ha recibido sólo grandezas de ti hoy, de rodillas, te pide perdón por todo lo malo que pudo hacer, y si algo bueno ha hecho es por tu gran ejemplo. Gracias mamá, por existir y por seguir siempre al lado de tus hijos. Que Dios nos perdone por esos regalos cotidianos, que nos haga más humanos, que despierte a ese niño que eternamente avienta sus promesas al aire. ¡Cuando sea grande, te daré todo! Porque sabemos que lo sigues esperando .

¡Feliz día Mamá!

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