Por Mirko Lauer
Las suculentas compras chilenas de armamento siguen preocupando al vecindario. Aquí en el Perú el tema se usa alternadamente para pedir acción contra el armamentismo y para promover la compra de armas. Evidentemente es más realista pensar en lo segundo que en lo primero. Más armamento en Chile por necesidad produce más armamento en la región.
El Perú también está en un proceso de compra de armas, pero a una escala bastante más modesta, en un clima rodeado de sentimientos encontrados. Si se compara las cajas fiscales de los dos países, resulta difícil que el Perú alcance a Chile por la vía de las adquisiciones. Habría que preguntarse si esa forma de competencia tiene sentido.
Hay quienes recomiendan parodiar la fórmula chilena y mejorar las finanzas de las Fuerzas Armadas con una tajada del canon minero. El porcentaje reclamado (entre otros, por el ministro de Defensa) es un 5%, que suena limitado. Pero es poco probable que un mecanismo así haga más populares a los militares entre la población del interior.
El país debería gastar más en su seguridad, más aun con un peligro a la vista tan claro como el del VRAE y alrededores. Pero eso no se circunscribe a la importación de armas, aunque esa es la actividad que más presión ejerce. Incluso hay un diario dedicado abiertamente a encuadrar, promover y celebrar este tipo de compra.
El congresista Luis Gonzales Posada, ex ministro de Justicia y ex Canciller, presenta una insólita fórmula para resolver lo del armamentismo chileno: que la OEA tome cartas en el asunto. No explica muy bien cómo funcionaría eso. Sin embargo un par de periódicos parece haber tomado la propuesta en serio. Quizás veamos un pronto viaje a Washington.
La iniciativa de Gonzales Posada evoca aquella otra del zar de Rusia, quien a fines del siglo XIX campeonó el desarme de los países europeos. Como es conocido, Alemania se siguió armando tranquilamente, y Rusia también. Pero no fueron las armas mismas las que decidieron por sí solas la Primera Guerra Mundial. Fue clave también el nivel de la infantería.
Es obvio que una argumentación como la que entendemos que propone Gonzales Posada para la OEA se desmoronará con la primera compra que haga el Perú. Decir que nuestras compras son buenas porque tenemos menos armas abriría el debate sobre cuánto armamento es suficiente. ¿El que digo yo o el que dicen ellos? Probablemente el que diga José Miguel Insulza.
No hay mejor camino en las actuales circunstancias que comprar armas con serenidad, honestidad y seriedad, y ubicarlas en un contexto institucional con las mismas características. Mientras el proceso se ventile a través de primeras planas, vestiduras rasgadas o decisiones inexplicables, la solución seguirá siendo peor que el problema.
LA REPUBLICA
Las suculentas compras chilenas de armamento siguen preocupando al vecindario. Aquí en el Perú el tema se usa alternadamente para pedir acción contra el armamentismo y para promover la compra de armas. Evidentemente es más realista pensar en lo segundo que en lo primero. Más armamento en Chile por necesidad produce más armamento en la región.
El Perú también está en un proceso de compra de armas, pero a una escala bastante más modesta, en un clima rodeado de sentimientos encontrados. Si se compara las cajas fiscales de los dos países, resulta difícil que el Perú alcance a Chile por la vía de las adquisiciones. Habría que preguntarse si esa forma de competencia tiene sentido.
Hay quienes recomiendan parodiar la fórmula chilena y mejorar las finanzas de las Fuerzas Armadas con una tajada del canon minero. El porcentaje reclamado (entre otros, por el ministro de Defensa) es un 5%, que suena limitado. Pero es poco probable que un mecanismo así haga más populares a los militares entre la población del interior.
El país debería gastar más en su seguridad, más aun con un peligro a la vista tan claro como el del VRAE y alrededores. Pero eso no se circunscribe a la importación de armas, aunque esa es la actividad que más presión ejerce. Incluso hay un diario dedicado abiertamente a encuadrar, promover y celebrar este tipo de compra.
El congresista Luis Gonzales Posada, ex ministro de Justicia y ex Canciller, presenta una insólita fórmula para resolver lo del armamentismo chileno: que la OEA tome cartas en el asunto. No explica muy bien cómo funcionaría eso. Sin embargo un par de periódicos parece haber tomado la propuesta en serio. Quizás veamos un pronto viaje a Washington.
La iniciativa de Gonzales Posada evoca aquella otra del zar de Rusia, quien a fines del siglo XIX campeonó el desarme de los países europeos. Como es conocido, Alemania se siguió armando tranquilamente, y Rusia también. Pero no fueron las armas mismas las que decidieron por sí solas la Primera Guerra Mundial. Fue clave también el nivel de la infantería.
Es obvio que una argumentación como la que entendemos que propone Gonzales Posada para la OEA se desmoronará con la primera compra que haga el Perú. Decir que nuestras compras son buenas porque tenemos menos armas abriría el debate sobre cuánto armamento es suficiente. ¿El que digo yo o el que dicen ellos? Probablemente el que diga José Miguel Insulza.
No hay mejor camino en las actuales circunstancias que comprar armas con serenidad, honestidad y seriedad, y ubicarlas en un contexto institucional con las mismas características. Mientras el proceso se ventile a través de primeras planas, vestiduras rasgadas o decisiones inexplicables, la solución seguirá siendo peor que el problema.
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