En época de crisis internacional como la actual, asoma la horrible cara del nacionalismo –tanto político y militar como económico–, el cual se pone nuevamente en boga. Nacionalismo que, a diferencia del patriotismo, no está sustentado en el amor a su propio país, sino en el rencor hacia otros grupos o países.
Así, de ese nacionalismo nacen tanto el alarmante armamentismo que Chile está fomentando en la región como, también, el anacrónico proteccionismo al que está recurriendo Ecuador y la demagógica postura que Hugo Chávez permanentemente adopta. Por ello, ha sido apropiado que Mario Vargas Llosa, quien llamó al nacionalismo la peste del siglo XX, levante el tema manifestando su preocupación sobre esta peligrosa situación.
¿Qué se debe hacer ante esta amenazante tendencia? En primer lugar, poner paños fríos a la carrera armamentista hacia la cual algunos nos quieren llevar. Sería una locura tratar de igualar las excesivas compras que viene realizando nuestro vecino, lo cual nos llevaría a la quiebra fiscal y a desatender aún más la agenda social. También sería un retroceso copiar las malas prácticas de los chilenos y crear un ingreso dirigido para la compra de armamento. Más bien, deberíamos buscar potenciales aliados políticos en Santiago –Sebastián Piñera, probable ganador de la próxima elección, fue uno en su momento– que coincidan en la necesidad de eliminar el canon del cobre, antes de que retorne el ciclo positivo en el precio de los metales y se vuelva a inflar las arcas de los militares.
Por otro lado, la abismal diferencia de este año entre el crecimiento que tendrá nuestra economía y la caída en el resto de la región confirma el beneficio de confiar en el mercado, de ser hospitalario a la inversión y de creer en la integración mundial. Sería absurdo cambiar de rumbo para dirigirnos hacia la recesión y miseria, donde, lamentablemente, van nuestros vecinos bolivianos y ecuatorianos, por ejemplo.
Finalmente, en noviembre de 2010 se inicia un inusual ciclo electoral, con elecciones regionales seguidas por dos vueltas presidenciales. Por ello, corremos el riesgo de que un eventual cansancio del electorado ante tan extendida campaña lo vuelva vulnerable a la demagogia, al autoritarismo y al nacionalismo. Así que es fundamental que la democracia no llegue debilitada al 2011, evitando caer en un desastroso armamentismo o dejando de crecer.
la republica
Así, de ese nacionalismo nacen tanto el alarmante armamentismo que Chile está fomentando en la región como, también, el anacrónico proteccionismo al que está recurriendo Ecuador y la demagógica postura que Hugo Chávez permanentemente adopta. Por ello, ha sido apropiado que Mario Vargas Llosa, quien llamó al nacionalismo la peste del siglo XX, levante el tema manifestando su preocupación sobre esta peligrosa situación.
¿Qué se debe hacer ante esta amenazante tendencia? En primer lugar, poner paños fríos a la carrera armamentista hacia la cual algunos nos quieren llevar. Sería una locura tratar de igualar las excesivas compras que viene realizando nuestro vecino, lo cual nos llevaría a la quiebra fiscal y a desatender aún más la agenda social. También sería un retroceso copiar las malas prácticas de los chilenos y crear un ingreso dirigido para la compra de armamento. Más bien, deberíamos buscar potenciales aliados políticos en Santiago –Sebastián Piñera, probable ganador de la próxima elección, fue uno en su momento– que coincidan en la necesidad de eliminar el canon del cobre, antes de que retorne el ciclo positivo en el precio de los metales y se vuelva a inflar las arcas de los militares.
Por otro lado, la abismal diferencia de este año entre el crecimiento que tendrá nuestra economía y la caída en el resto de la región confirma el beneficio de confiar en el mercado, de ser hospitalario a la inversión y de creer en la integración mundial. Sería absurdo cambiar de rumbo para dirigirnos hacia la recesión y miseria, donde, lamentablemente, van nuestros vecinos bolivianos y ecuatorianos, por ejemplo.
Finalmente, en noviembre de 2010 se inicia un inusual ciclo electoral, con elecciones regionales seguidas por dos vueltas presidenciales. Por ello, corremos el riesgo de que un eventual cansancio del electorado ante tan extendida campaña lo vuelva vulnerable a la demagogia, al autoritarismo y al nacionalismo. Así que es fundamental que la democracia no llegue debilitada al 2011, evitando caer en un desastroso armamentismo o dejando de crecer.
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