7.5.09

Golpes bajos

En muy poco coincidimos aquí con Ollanta Humala, excepto quizá en su postura de fortalecer la defensa nacional frente a la desenfrenada carrera armamentista chilena. Los postulados en materia de política económica del líder del Partido Nacionalista nos parecen primarios. Sus promesas a los fonavistas, por ejemplo, son absolutamente demagógicas. Su propuesta de que las operaciones en el VRAE se dejen en manos de la Policía y se retiren las FFAA es suicida. Tampoco, por cierto, aprobamos sus coqueteos con el chavismo, ni su ambigüedad en temas como el de las FARC. Y algunas personas de su entorno, antaño vinculadas a la izquierda más radical, nos inspiran profunda desconfianza.
Pero, como hemos señalado aquí en repetidas oportunidades, aborrecemos el cargamontón. Las ideas deben combatirse con ideas, no con golpes bajos. Por eso, opinamos que es desafortunado el pedido de la bancada aprista para investigar los ingresos económicos, provenientes de fuentes privadas y no estatales, de Humala y su esposa Nadine Heredia.


Y no solo porque muestra la política en su faceta más sórdida; también porque se debe ir con pies de plomo cuando el tejado es de vidrio. Nos hubiera gustado, por ejemplo, que el oficialismo mostrara el mismo celo moralizador ante la denuncia periodística que involucra a la esposa de un miembro de la comisión política del APRA, acusada de comprar 50 hectáreas en las playas de Asia a sólo 6 céntimos el metro cuadrado. Ahí, callaron en todos los idiomas.

Con actitudes de esta laya se logra justamente el efecto contrario al que se busca. En lugar de desinflar a un candidato lo convierten en víctima y elevan sus bonos políticos. Parece que ya han olvidado el efecto bumerán de la campaña anterior, cuando acusaron a Humala de violar derechos humanos durante la guerra contra SL y arrasó en las urnas de Ayacucho, justamente porque percibieron que podía poner orden y “mano dura”. Por eso, con rápidos reflejos, ya ha salido a decir Carlos Tapia, asesor del líder del PNP, que el pedido de los congresistas apristas obedece al temor que genera “la amplia posibilidad electoral” del ex militar.

Al persistir en este tipo de comportamiento, los partidos y la clase política no hacen más que ahondar la crisis de representatividad que sufren, y dejan al desnudo el desgaste provocado por su propia ineficacia como receptores de las preocupaciones básicas del ciudadano de a pie. Si no les gusta Humala y lo que representa, pues bien, que planteen un debate ideológico en vez de apelar a esta repulsiva dialéctica de la diatriba.

la razon

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