La ineficiencia del Poder Judicial es una de las cargas más pesadas que soportamos todos los peruanos, quienes cada dos años presenciamos un ritual similar: jura un nuevo Presidente de la Corte Suprema que ofrece hacer una reforma integral, para luego olvidar rápidamente el ofrecimiento y terminar su mandato sin pena ni gloria. Hace cuatro meses asumió el cargo el actual presidente y lo hizo con más bríos que sus antecesores, repitiendo con entusiasmo que esperaba lograr que el Poder Judicial dejara de ser un pasivo para el país y que empezara a sumar aportando una contribución positiva al crecimiento. Algunos llegamos a pensar, ante un mensaje que sonaba refrescante, que posiblemente el Dr. Villa Stein podría romper esa tradición y hacer algo. Lamentablemente ya nos estamos desilusionando.
Pese a que los casos de los implicados en los negociados de los petroaudios, como el relativo a quienes grabaron esas conversaciones, son los dos más emblemáticos que tiene el Poder Judicial para demostrar independencia de quienes tienen el poder político actualmente, y así lograr credibilidad, ambos están entrampados y no parece existir ningún interés ni apoyo para sacarlos adelante.
Más aun, las excusas suenan escandalosas: en el primer caso, desde hace meses el juez Barreto argumenta que no progresa porque no tiene presupuesto para contratar peritos, clamor que no le han solucionado pese a todos los recursos que se desperdician a diario, por ejemplo, publicando costosos libros sectoriales –como Caminos de Justicia–, con los cuales bien se podrían financiar miles de peritos si lo desearan. Mientras, en el caso BTR se usan métodos más tradicionales o, mejor dicho, tinterilladas que van desde cuestionamientos de procedimiento, con probables cambios de juzgado que nunca se concretan, expedientes que suben y bajan, hasta la ausencia de licencias informáticas. Es clara la estrategia para empantanarlo. Incluso la defensa que hace el Presidente de la Suprema de la jueza a cargo, cada día es menos convincente. La impresión generalizada es que se está buscando que el cansancio o el vencimiento de plazos terminen hundiendo estos casos en el fondo del olvido, adonde irían acompañados, al menos por dos años más, de cualquier esperanza de que se inicie la reforma.
PERU 21
Pese a que los casos de los implicados en los negociados de los petroaudios, como el relativo a quienes grabaron esas conversaciones, son los dos más emblemáticos que tiene el Poder Judicial para demostrar independencia de quienes tienen el poder político actualmente, y así lograr credibilidad, ambos están entrampados y no parece existir ningún interés ni apoyo para sacarlos adelante.
Más aun, las excusas suenan escandalosas: en el primer caso, desde hace meses el juez Barreto argumenta que no progresa porque no tiene presupuesto para contratar peritos, clamor que no le han solucionado pese a todos los recursos que se desperdician a diario, por ejemplo, publicando costosos libros sectoriales –como Caminos de Justicia–, con los cuales bien se podrían financiar miles de peritos si lo desearan. Mientras, en el caso BTR se usan métodos más tradicionales o, mejor dicho, tinterilladas que van desde cuestionamientos de procedimiento, con probables cambios de juzgado que nunca se concretan, expedientes que suben y bajan, hasta la ausencia de licencias informáticas. Es clara la estrategia para empantanarlo. Incluso la defensa que hace el Presidente de la Suprema de la jueza a cargo, cada día es menos convincente. La impresión generalizada es que se está buscando que el cansancio o el vencimiento de plazos terminen hundiendo estos casos en el fondo del olvido, adonde irían acompañados, al menos por dos años más, de cualquier esperanza de que se inicie la reforma.
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