4.5.09

Virus criollos (II)

Insistimos. No debemos preocuparnos tanto por el virus AH1N1 (nos gustaba más la denominación anterior, “gripe porcina”, sonaba casi orwelliana). Porque en este maravilloso y macondiano país nuestro “la más peruana de las palabras es mañana”, como apunta con acierto el historiador del arte Gustavo Buntix, citado en el imprescindible libro Perú, el arte de vivir, de Josefina Barrón. Sí pues, aquí todo se aclimata, se acojuda, se vuelve diminutivo como el cebichito, el hermanito, la cervecita y el cafecito.
Así que el AH1N1 probablemente se convertirá en un virusito en muy poco tiempo. La gente, lo hemos comprobado en estos días, desoyó los consejos del presidente García y continuó dando besitos en la mejilla y fuertes abrazos y estrechando manos de conocidos y desconocidos, para luego seguir comiendo el tamalito o la butifarrita como si nada, sin pensar siquiera por asomo en que debía lavarse primero.

Y, aunque las mascarillas se han vendido cual pan caliente, personalmente solo vimos a una señora mayor llevándola -en la puerta del supermercado que antes era nuestro y que ahora, como casi todo, es de los chilenos- acompañada de su cuarentón y desenmascarado hijo, a quien se le caía la cara de vergüenza ante tamaña huachafería (muy similar a esa de repartir mascarillas en el último Consejo de Ministros).


De modo que mejor seguimos ocupándonos de los virus nuestros de cada día, esos sí muy perniciosos:

Virus populista.- Ataca al gobernante de turno usualmente al comienzo de su tercer año de mandato. El presidente infectado muestra síntomas visibles como la dación de leyes para condonar deudas de bancos agrarios o de materiales (allá los lornas que pagan puntualmente) o legalizar las invasiones (la propiedad privada es un anacronismo burgués, que viva Bakunin).

Existen otros síntomas, que solo alcanzan a detectar los sacasillas más íntimos del entourage presidencial. El más común es entusiasmarse con las cifras de aprobación que arrojan los sondeos a consecuencia de las medidas populistas y darle vueltas a la idea de modificar la Constitución para intentar la reelección inmediata. No faltan por supuesto columnistas amigos del mandatario que se contagian de este virus y deslizan, como quien no quiere la cosa, que la reelección es una buena idea. Estos columnistas a veces ni siquiera portan el virus, pero hacen como si lo tuvieran, con la esperanza de obtener alguna agregaduría cultural en -digamos, es un decir- uno de esos países famosos por fabricar cristal de Bohemia.

Virus legislativo.- Crónico en nuestro país, donde desde la II Guerra Mundial hasta la fecha se han creado leyes a razón de tres al día. Este virus, para el que ninguna vacuna es efectiva, ataca a los congresistas de manera fulminante apenas asoman al recinto de la plaza Bolívar, y no respeta partido, edad, sexo ni grado de instrucción (Por cierto, ¿hasta cuándo van a incordiar los caviares con lo de Supa? Ya caen espesos).

Continúa mañana

LA RAZON

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