7.5.09

¿Por quién votaría usted en el 2016?

Por Mirko Lauer

Con el ingreso del tema de la reelección presidencial el debate político prácticamente se ha terminado de mudar completo al 2011. En este sentido al menos, estamos viviendo en el futuro. Los políticos ya no circulan en virtud de sus propuestas en el aburrido aquí y ahora, sino en virtud de cómo les va a ir hipotéticamente dentro de dos años.

No es la primera vez que sucede. Casi todo el período de Alejandro Toledo estuvo marcado por parecida obsesión con la bola de cristal. Hay más de una teoría sobre esto. Nuestra preferida es que por la humana necesidad de apostar, los desengaños con un fútbol frustrante trasladan el sentimiento deportivo a la política electoral.

Pero este nuevo tipo de pasión deportiva solo se aplica a las grandes ligas. Las campañas electorales para alcaldes y presidentes regionales están a la vuelta de la esquina, pero se precisa lupa para encontrar en los medios o en las encuestas nacionales nombres de precandidatos para esa competencia.

La fiebre del pre-pre viene acompañada de una intensa actividad. Cada semana un nuevo ciudadano sale del closet político y revela sus ansias de ser presidente. La ONPE vende kits como pan caliente. Las calles hierven de recogedores de firmas. La frase del momento termina siendo “si las elecciones fueran mañana”. ¿Y por qué no de una vez hoy?

Dada la conocida volatilidad del electorado, todo esto tiene mucho de feria de ilusiones. En un encuesta nacional PUCP-IOP de hace como un año, la intención de voto era Lourdes Flores 17%, Ollanta Humala 14%, Alejandro Toledo 10% y Keiko Fujimori 8%. Lo cual sugiere que las ubicaciones en el partidor todavía pueden cambiar, varias veces.

Pero la conducta errática de las cifras no desanima a nadie, más bien anima mucho. Es verdad sostenida que el electorado peruano se jacta de ser impredecible, y ahora vuelve a tener un par de años para demostrarlo. Una buena elección entre nosotros es cuando las cosas se resuelven en las últimas cinco o seis semanas.

En este contexto, si bien es altamente improbable que Alan García tiente una reelección, tampoco debe gustarle estar ausente de un run run político tan importante. En eso el congresista José Vargas le ha hecho un involuntario favor: recordarles en todo momento a los precandidatos que su aprobación es formalmente más alta que la de ellos.

Su única otra alternativa para participar del festín de las campañas adelantadas sería convencer a algunas encuestadoras para que empiecen a preguntar por la intención de voto del 2016. Una pregunta que a su vez retroinfluiría en la decisión respecto del 2011. Demostración de que en este tipo de cuestiones nunca hay desperdicio.

la republica

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