2.6.09

Álvaro Colom es irreprochable

Cuando fui diputado al Parlamento Centroamericano me abstenía de salir a divertirme. Muy pocas veces fui al cine, nunca a un centro nocturno. La inseguridad de ciudad Guatemala es intensa, abrumadora. El nivel de impunidad asombroso. La oligarquía guatemalteca, refugiada en sus mansiones a prueba de balas y de malas miradas, es una pandilla de corruptos, dueños de los tribunales, de la policía, de buen gusto en el adorno de sus portales y de un odio sin mandamientos de la ley de Dios hacia los campesinos, a los indígenas, a los pobres. Los oligarcas son iguales en casi todas partes, mas en Guatemala solo aman a sus madres, a sus hijos y a sus perros.

Cuando conocí en reuniones internacionales al entonces candidato Álvaro Colom, observé la transparencia de su mirada y la larga e irreprochable lista de sus ideales, le pronostiqué que no sería presidente de Guatemala. La oligarquía- le dije- te va a asesinar y si por un milagro de San Antonio de Padua- del cual son devotos Álvaro y su progresista esposa Sandra- te protegen, no te van a dejar gobernar. Son poderosos, astutos y ya inventarán la manera de hacerte la gobernatura y hasta la vida imposible. Tienen, por supuesto, a su favor los medios de comunicación, cuyos titulares son reproducidos por los enemigos de Fidel y Raúl, de Chávez, de Evo, Correa y de Daniel y una muchedumbre de funcionarios en el estado que les besan las manos a los camisas blancas a cambio de monedas. Los políticos son casi todos, mentirosos. Conocí a uno –fue presidente- que mentía con las uñas de los pies y las manos. A los diputados del Parlacen nos engañó como si fuéramos niños de la primera edad y después, cuando ya fue presidente, se burló de nosotros con cinismos de rufián.

Álvaro Colom es irreprochable. Lo eligieron los pobres y el eligió a los pobres. Es un hombre – no el único, por suerte- con una honestidad que se le mira hasta en la piel y en el pecho abierto donde se le ve un corazón donde podrías, sin lugar a dudas, depositar una hostia.

LA PRIMERA

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