2.6.09

Chile ha conseguido poner a Bolivia contra el Perú

Para gobernantes chilenos, país altiplánico es una de las creaciones más artificiales de Sudamérica

En marcha proyecto de “Polonización de Bolivia” diseñado por general Pinochet

General PNP (r)
Juan Gonzales Sandoval
En política exterior Chile ha exhibido siempre una posición más realista que el Perú. Y es que para el Estado chileno no cuentan los amores, sino los intereses. Eso le permite sostener, cuando las circunstancias le son propicias, una excelente relación con Bolivia y más aún, darse el lujo de poner a este país contra nosotros.

Hoy estamos alejados de un país al que debiera unirnos el amor fraterno y, además, los intereses. Importa poco en este sentido el signo ideológico de los gobernantes bolivianos de turno; más trascendente que todo ello, es el irrenunciable vínculo histórico que une lo que fue el Alto y Bajo Perú y, desde luego su evidente complementación geopolítica.
El futuro de Bolivia concierne al Perú y toda crisis boliviana, como la que se está incubando, entraña un peligro para nuestro país.

Nunca se vio tan claramente la posibilidad de la desintegración territorial de Bolivia como a mediados de 2008. Entonces una polarización política extrema hizo temer lo peor. Por un lado el discurso oficialista que ha llegado a usar los términos, calificativos y consignas típicos de una desembozada ideología socialista y por otro el discurso, también típico y previsible del secesionismo y separatismo regionalistas. Y del dicho se ha pasado al hecho, al enfrentamiento violento, armado, entre las facciones.

Gesto inútil
En setiembre del año pasado fue convocada en Santiago de Chile la cumbre de emergencia de la Unión de Naciones Sudamericanas. La reunión fue propuesta por la presidenta chilena Michelle Bachelet en su calidad de presidenta temporal de la UNASUR. Esta cumbre que emitió una resolución de respaldo a Evo Morales ha sido un gesto inútil. La crisis continúa y prueba de ello es el conflicto que ha escalado hasta producirse un intento de asesinar a Morales, en el que probadamente han estado implicados mercenarios. Todo apunta a Santa Cruz.

Se han ensayado múltiples interpretaciones para explicarse cómo llegó Bolivia a esta crisis política tan delicada. Quienes apenas se han apartado de la superficie del problema han hablado de un divorcio cultural entre el occidente y el oriente bolivianos, entre los “collas” y “los cambas”.

Sin duda esta es una de las expresiones más visibles de la crisis, pero no la explica íntegramente. En la génesis de la actual crisis de Bolivia, en el fondo de este asunto están, asimismo, los reales y concretos intereses foráneos. Algunos de esos intereses no son de ahora, son añejos, y la historia sudamericana registra de qué modo ellos precipitaron más de una guerra.


Detrás Chile
Chile tiene una geopolítica concreta desde los tiempos de la constitución de Diego Portales (1830) y que encarna en la visión de Pinochet acerca de la “Polonización de Bolivia” (Tesis del oficial Augusto Pinochet Ugarte).

En concordancia con esa tesis, Joaquín Fontbona M., editorialista del principal diario de negocios de Chile, Estrategia, ha escrito que Bolivia es “una de las creaciones más artificiales que surgieron desde la Independencia de Sudamérica”.

Los intereses chilenos trabajaron en el siglo XIX por impedir la consumación y viabilidad de la Confederación Perú-Boliviana, que precisamente hubiera devuelto la “artificial Bolivia” al seno de lo que era su madre patria. Pero aprovechando las absurdas y personalistas luchas intestinas de los caudillos peruanos y bolivianos nuestro vecino del Sur destruyó la posibilidad de un Gran Perú (que habría tenido, si tomamos en cuenta la extensión territorial de Perú y Bolivia actuales 2,383,800 kilómetros cuadrados) territorialmente más grande que México.

Chile puso al tarapaqueño Ramón Castilla contra Andrés de Santa Cruz, quien sería más tarde un gran presidente peruano. Y más tarde aprovecharon los chilenos la prolongación de la anarquía, la ineptitud e imprevisión de la clase política peruana y la candidez bochornosa de su diplomacia, para desmembrar al Perú.

Algunos historiadores chilenos tienen respecto del destino de la Confederación una visión distinta y abrumadoramente cínica. Ellos sostienen nada menos que un siniestro Santa Cruz quiso conquistar el Perú, y que Chile tuvo que venir en auxilio nuestro.

Canción de Yungay
Como se sabe las fuerzas chilenas derrotaron a los confederados en la batalla de Yungay el 20 de enero de 1839. Esta batalla ha sido considerada como una de las más sangrientas en los anales de la historia americana.

Para celebrar la victoria los chilenos mandaron a componer la “Canción de Yungay”, en honor de las tropas del general Bulnes: Cantemos la gloria /del triunfo marcial / que el pueblo chileno / obtuvo en Yungay./ Del rápido Santa / pisando la arena, / la hueste chilena /se avanza a la lid. /Ligera la planta, /serena la frente, /pretende impaciente triunfar o morir./ Oh, patria querida,/ que vidas tan caras, ahora en tus aras/ se van a inmolar! / Su sangre vertida /te da la victoria; /su sangre, a tu gloria /da un brillo inmortal! /Al hórrido estruendo /del bronce terrible, /el héroe invencible / se lanza a lidiar. /Su brazo tremendo /confunde al tirano,/ y el pueblo peruano /cantó libertad./ Desciende Nicea, /trayendo festiva, /tejida en oliva, /la palma triunfal. /Con ella se vea / ceñida la frente / del héroe valiente / del héroe sin par.

Hoy la “Canción de Yungay”, es un himno nacional chileno. Probablemente en 1839 hubo en el Perú algunos tontos de capirote que no creyeron en la posibilidad de una agresión futura contra nuestro país. No pensaron que las “generosas” huestes chilenas que nos habían librado de un mal como Santa Cruz, pudieran destruir Lima, Chorrillos y Miraflores de la forma como lo hicieron.

Y pudo ser peor de no mediar Du Petit Thouars. No imaginaron que la soldadesca chilena iría a limpiarse el trasero con las páginas de libros valiosísimos de nuestra Biblioteca Nacional, para llevarse luego lo que no sirvió de papel higiénico y además estatuas y otros tesoros muebles.

La destrucción de la Confederación Perú-Boliviana por parte de Chile y el curso que tomaron la Guerra de 1879 y la post guerra, confirmaron el espíritu irreductiblemente expansionista de nuestro vecino del Sur.

Esto no es mera especulación pretendidamente histórica. Los propios historiadores chilenos han dejado impresa su huella, la huella del delito al hablar de los años previos al fatídico 1879: “Este plan se realizará dentro del más profundo disimulo, obrando siempre en nombre del interés chileno, pactando con las facciones todo lo que éstas deseen, halagando las aspiraciones de cada una y empujándolas a destrozarse entre sí, exactamente como ha procedido en el Perú”. (Francisco Encina, Historia de Chile) Es justamente lo que hace hoy día la socialchovinista Bachelet y la mayoría de los políticos chilenos: halagar las aspiraciones bolivianas a una salida al mar y empujar a que los actuales gobiernos de Perú y Bolivia se destrocen entre sí.

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