17.6.09

Hasta acá nomás

Reconforta a los peruanos saber que se inicia un diálogo entre las autoridades y los legítimos representantes de las comunidades nativas. Es bueno que poco a poco la tranquilidad vaya ganando terreno en un campo de Agramante donde murieron 34 peruanos entre civiles y uniformados.

En ese sentido, consecuentes con lo que señalamos en su oportunidad, era inconveniente que el Gabinete renuncie en medio del vivo enfrentamiento y la ebullición selvática. Pero, ahora, al conocerse que el Ejecutivo dio marcha atrás en cuanto a los decretos legislativos 1064 y 1090, a pesar de que tan solo recién ayer sus ministros salían a todos los medios para defender con argumentos la solidez y racionalidad de esas normas, no queda pues sino comprobar la completa improvisación e incoherencia que existe en la cabeza de los actuales gobernantes, razón por la cual coincidimos con el anuncio de la renuncia del premier Yehude Simon adelantado por él mismo.

Lamentablemente el gobierno cedió al chantaje, a la toma de carreteras, al bloqueo de puertos; pero sobre todo a la salvaje muerte de peruanos. ¿De qué le ha servido al régimen remar tanto en estos días, consciente de que se iba a quedar en la arena? Es pues una clara señal de debilidad y confusión del Estado. La cosa es seria, ya que mientras el Parlamento, en virtud del cumplimiento de sus mecanismos de funcionamiento y de sus normas disciplinarias consignadas en su Reglamento –que es ley de la República– sancionó a congresistas revoltosos, así como defendía el estado de derecho optando por aprobar una norma que dejó en suspenso los decretos de marras, sucede que ahora el Ejecutivo da marcha atrás y borra con el codo lo que escribió con mano supuestamente firme.

Estas idas y venidas, estos avances y retrocesos demuestran que no sólo existe un teléfono malogrado entre los poderes del Estado sino ausencia total de un elemental mecanismo comunicacional. Sólo ello explica la absoluta negligencia en la debelación de protestas que, por más de 56 días –plenamente advertidos al régimen, cuando menos por EXPRESO–, dinamitaron la paz y tranquilidad de los pueblos de la selva. Es verdad que las fuerzas democráticas reclamamos diálogo y entendimiento, pero no en la forma ambigua y blandengue como hoy lo hace el Ejecutivo, una vez más, moviéndole el piso a más de una autoridad del Estado que sí se fajó por defender la Constitución y la Ley frente a las fuerzas reaccionarias y retardatarias integradas por pizangos, palacines, humalistas y agitadores.

El gabinete Simon deja un mal precedente, asimismo, al haber negociado con entidades y personas descalificadas –sin representación, como fue en el caso de Aidesep–, así como al haberse expuesto –en su tarea de la defensa del Estado– ante arteros seudodirigentes, para luego sumisamente darles la razón no obstante que habían izado las banderas de la barbarie. Eso es lo que en la práctica ha hecho este régimen, aparte de ni siquiera haber articulado una comunicación clara en su seno ni con los medios de prensa a efectos de explicar a la población el beneficio de las normas motivo de los desencuentros. Esta ineptitud le ha pasado al Perú una factura muy cara: decenas de compatriotas muertos. Creemos que es momento de renunciar –como extraoficialmente lo ha anunciado el premier Yehude Simon– para dejar que el diálogo sea conducido por nuevos representantes del Estado que sepan manejar las cosas; que no conversen con miserables petardistas; y que transmitan con coherencia posiciones firmes de lo que piensa y hace el gobierno.

EXPRESO

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