4.6.09

Historias circulares

Uri Ben Schmuel
uribs@larazon.com.pe


El relato más impresionante del libro de Romain Gary Los pájaros van a morir al Perú es en síntesis como sigue: un sastre sobreviviente del Holocausto se establece en Bolivia, donde encuentra a un amigo al que da trabajo. Un día, el amigo llega con una cesta repleta de comida y pide retirarse más temprano del taller. Picado por la curiosidad y creyendo que su amigo tiene una cita amorosa, el sastre va detrás de él. Y descubre espantado que la cesta era para el ex jefe del campo de concentración donde ambos habían estado presos. Encara al amigo y
le pregunta por qué daba de comer al verdugo nazi, en lugar de matarlo o denunciarlo a la policía. Y el amigo le responde: “me ha prometido ser más amable la próxima vez”.


El cuento del escritor francés nos vino a la memoria al leer una de las anotaciones de Gran Combo Club, el blog de Silvio Rendón. Se titula ¿Para qué fue Charaña? y narra los entretelones del encuentro, en febrero de 1975 y con abrazo incluido, entre Pinochet y Hugo Banzer.

Rendón menciona documentos oficiales estadounidenses desclasificados en 2005, en los que se puede apreciar que Charaña fue parte de una estrategia chilena para neutralizar a Bolivia, en momentos en que el Perú tenía la superioridad militar. (Velasco, cita también el blog, habría dicho por entonces: “Que los chilenos se dejen de cojudeces o mañana desayuno en Santiago”. Y Pinochet tal parece que comentó: ”Si Perú hubiera atacado, habría llegado hasta Copiapó”, capital de la región de Atacama). En palabras del propio informe americano, citado por Rendón, “la reunión cumbre de Pinochet con Banzer es claramente un esfuerzo de sustituir diplomacia por las armas que Chile no ha sido capaz de adquirir, y mantener a Bolivia por lo menos neutral en el juego de tensiones entre Chile y el Perú”.

Un año después, en 1976, con Velasco fuera del poder y Chile mejor equipado, Pinochet consideraría con Kissinger un ataque al Perú, con la oposición del americano. Banzer, como bien apunta Rendón, se prestó al juego de Pinochet y hoy, 34 años después, Evo Morales se presta al juego (belicista, añadimos) de Bachelet, del cual Bolivia muy probablemente no saque nada bueno.

Da qué pensar el hecho de que la historia, como pretendía Nietzsche, por momentos parezca circular. Sobre todo ahora, que con los avances tecnológicos el tiempo suele concebirse como una línea ascendente que se extiende hasta el infinito. Pero, como sea, y al igual que el personaje del cuento de Gary –nótese que, por coincidencia, está ambientado en Bolivia–, Evo Morales cree que los verdugos chilenos serán más amables la próxima vez con su país. Y, como ese cándido personaje, se equivoca de cabo a rabo. Chile no tiene amigos, sólo intereses.


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LA RAZON

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