Uri Ben Schmuel
uribs@larazon.com.pe
Decíamos el viernes, en la primera parte de esta columna, que para luchar contra la venenosa propaganda que diseminan los tontos útiles de la progresía como Q’Orianka Kilcher, conviene tener en cuenta sus orígenes de larga data.
Y estos se remontan a Willi Münzenberg, el padre espiritual de la actual argolla mediática que tanto éxito ha tenido en trasladar la lucha de clases al terreno de la cultura de masas. Compañero de Lenin ya en su etapa suiza antes de la revolución bolchevique, Münzenberg montó periódicos, revistas, estaciones de radio y productoras de cine para la difusión de los mensajes que interesaban al Komintern.
Figuras respetadas y famosas como John Dos Passos o Bertolt Brecht fueron usadas por este genio del agit-prop para presentar una imagen idealizada del sistema comunista. En privado, los despreciaba y se burlaba de ellos. Los llamaba “El club de los inocentes”.
Ochenta años después, este club de los candorosos, al que pertenece la “Pocahontas peruana”, sigue funcionando. Claro que a estas alturas sus miembros ya no pueden hablar maravillas del comunismo, como lo hacían aquellos reclutados por Münzenberg. Ahora, los rojos se han reciclado en verdes y los ataques al sistema se esconden bajo el manto de la defensa del medio ambiente o de los “derechos humanos” y una crítica feroz contra la globalización, el libre mercado, los EEUU y cualquier cosa que se interponga en la tarea de derrumbar los pilares morales de la tradición judeocristiana.
Por supuesto, no es altruismo lo que guía a las manos que mecen las cunas desde las que lloriquean Q’Orianka Kilcher y otros de su especie. Como bien dice ese buen amigo y fiel lector en un correo que nos envió ayer (ya se hacían extrañar sus atinados comentarios), “para explicarnos el proceder de Pizango y de los caviares lo que hay que seguir es ‘la ruta del dólar’ o del euro, o del yen. Al final (y eso es lo más triste) ése es el factor número uno de la motivación de todos estos fulanos. De allí se derivan el poder y otros elementos. También hay gente honesta, por supuesto, pero son muy pocos y además hay ingenuos como la Pocahontas y otros. Pero al final esos buscan también notoriedad que se traduce en contratos y representan dinero”.
Es crucial, pues, luchar contra esta argolla progre que dice ser de mente avanzada y partidaria del bienestar de la humanidad. Sin dejarse amedrentar por los insultos –“fascista”, “mafioso”, “fujimontesinista”– que repiten a coro cuando alguien osa criticarlos. Así como se venció militarmente a SL y al MRTA, la batalla hoy debe librarse en el terreno de las ideas, hasta derrotar a los fanáticos militantes de este perverso terrorismo cultural.
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LA RAZON
uribs@larazon.com.pe
Decíamos el viernes, en la primera parte de esta columna, que para luchar contra la venenosa propaganda que diseminan los tontos útiles de la progresía como Q’Orianka Kilcher, conviene tener en cuenta sus orígenes de larga data.
Y estos se remontan a Willi Münzenberg, el padre espiritual de la actual argolla mediática que tanto éxito ha tenido en trasladar la lucha de clases al terreno de la cultura de masas. Compañero de Lenin ya en su etapa suiza antes de la revolución bolchevique, Münzenberg montó periódicos, revistas, estaciones de radio y productoras de cine para la difusión de los mensajes que interesaban al Komintern.
Figuras respetadas y famosas como John Dos Passos o Bertolt Brecht fueron usadas por este genio del agit-prop para presentar una imagen idealizada del sistema comunista. En privado, los despreciaba y se burlaba de ellos. Los llamaba “El club de los inocentes”.
Ochenta años después, este club de los candorosos, al que pertenece la “Pocahontas peruana”, sigue funcionando. Claro que a estas alturas sus miembros ya no pueden hablar maravillas del comunismo, como lo hacían aquellos reclutados por Münzenberg. Ahora, los rojos se han reciclado en verdes y los ataques al sistema se esconden bajo el manto de la defensa del medio ambiente o de los “derechos humanos” y una crítica feroz contra la globalización, el libre mercado, los EEUU y cualquier cosa que se interponga en la tarea de derrumbar los pilares morales de la tradición judeocristiana.
Por supuesto, no es altruismo lo que guía a las manos que mecen las cunas desde las que lloriquean Q’Orianka Kilcher y otros de su especie. Como bien dice ese buen amigo y fiel lector en un correo que nos envió ayer (ya se hacían extrañar sus atinados comentarios), “para explicarnos el proceder de Pizango y de los caviares lo que hay que seguir es ‘la ruta del dólar’ o del euro, o del yen. Al final (y eso es lo más triste) ése es el factor número uno de la motivación de todos estos fulanos. De allí se derivan el poder y otros elementos. También hay gente honesta, por supuesto, pero son muy pocos y además hay ingenuos como la Pocahontas y otros. Pero al final esos buscan también notoriedad que se traduce en contratos y representan dinero”.
Es crucial, pues, luchar contra esta argolla progre que dice ser de mente avanzada y partidaria del bienestar de la humanidad. Sin dejarse amedrentar por los insultos –“fascista”, “mafioso”, “fujimontesinista”– que repiten a coro cuando alguien osa criticarlos. Así como se venció militarmente a SL y al MRTA, la batalla hoy debe librarse en el terreno de las ideas, hasta derrotar a los fanáticos militantes de este perverso terrorismo cultural.
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LA RAZON



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