Una vez más la CADE Universitaria ha sido un éxito y ha demostrado que cuando los jóvenes se reúnen puedan nacer grandes cosas. La decimoquinta edición, este año, no ha sido la excepción y, entre otras conclusiones, ha reiterado la necesidad de que el Estado, el empresariado y la universidad deben trabajar juntos si queremos que la educación coadyuve al desarrollo del país.
Hasta el momento hay más coincidencias que diferencias entre los objetivos de la formación universitaria y los de las grandes líneas de desarrollo impulsadas desde el Estado Peruano. No obstante, falta mucho para que las propuestas académicas respondan verdaderamente a las demandas del mercado laboral, la innovación y la competitividad, piezas claves en el despegue socioeconómico.
En principio, habría que considerar que el 96% de los jóvenes participantes en la CADE Universitaria apuesta por los proyectos personales, es decir, por convertirse no solo en empresarios, sino en empresarios socialmente responsables. Esta iniciativa supera el esquema tradicional de convertirse en trabajadores dependientes. Pero igual y valioso indicador es que cerca del 50% no descarte la posibilidad de trabajar en el aparato estatal, siempre que este renuncie a sus vicios, asuma el papel que le corresponde como administrador de los recursos públicos y se modernice acorde a una reforma que sigue postergada inexplicablemente.
Los políticos tendrían que tomar en cuenta que los 600 jóvenes asistentes a la CADE de los universitarios demandaron el fomento de una educación de calidad y la ampliación de la cobertura en la salud, pero también exigieron potenciar la lucha contra la corrupción, ese cáncer que mina y perfora incluso los sistemas democráticos más consolidados.
De acuerdo con destacados educadores, la matrícula escolar se incrementará a razón de más de 40 mil alumnos por año. No obstante el reto mayor es atender las demandas del ámbito rural y elevar la calidad de la educación. En cuanto a la salud, según la Defensoría del Pueblo, el 25% de la población aún no tiene acceso a los servicios públicos, lo cual sigue excluyendo a un sector importante de peruanos. Finalmente, la percepción es que si bien hemos avanzado en la lucha contra la pobreza y el desempleo, la corrupción ha aumentado en el aparato estatal.
Se trata de una agenda que no puede pasar desapercibida para el Gobierno ni para el sector privado. Por ello, resulta positivo que voceros de la CADE empresarial hayan participado en la CADE Universitaria, y reconozcan que tan importantes propuestas muchas veces no son asimiladas por los gobiernos. Otro logro es que a partir de este año se comprometan a hacer un seguimiento exhaustivo de las conclusiones adoptadas en este tipo de conferencias, para verificar que tengan eco en las entidades planificadoras del país y en la formulación de las políticas públicas.
EL COMERCIO
Hasta el momento hay más coincidencias que diferencias entre los objetivos de la formación universitaria y los de las grandes líneas de desarrollo impulsadas desde el Estado Peruano. No obstante, falta mucho para que las propuestas académicas respondan verdaderamente a las demandas del mercado laboral, la innovación y la competitividad, piezas claves en el despegue socioeconómico.
En principio, habría que considerar que el 96% de los jóvenes participantes en la CADE Universitaria apuesta por los proyectos personales, es decir, por convertirse no solo en empresarios, sino en empresarios socialmente responsables. Esta iniciativa supera el esquema tradicional de convertirse en trabajadores dependientes. Pero igual y valioso indicador es que cerca del 50% no descarte la posibilidad de trabajar en el aparato estatal, siempre que este renuncie a sus vicios, asuma el papel que le corresponde como administrador de los recursos públicos y se modernice acorde a una reforma que sigue postergada inexplicablemente.
Los políticos tendrían que tomar en cuenta que los 600 jóvenes asistentes a la CADE de los universitarios demandaron el fomento de una educación de calidad y la ampliación de la cobertura en la salud, pero también exigieron potenciar la lucha contra la corrupción, ese cáncer que mina y perfora incluso los sistemas democráticos más consolidados.
De acuerdo con destacados educadores, la matrícula escolar se incrementará a razón de más de 40 mil alumnos por año. No obstante el reto mayor es atender las demandas del ámbito rural y elevar la calidad de la educación. En cuanto a la salud, según la Defensoría del Pueblo, el 25% de la población aún no tiene acceso a los servicios públicos, lo cual sigue excluyendo a un sector importante de peruanos. Finalmente, la percepción es que si bien hemos avanzado en la lucha contra la pobreza y el desempleo, la corrupción ha aumentado en el aparato estatal.
Se trata de una agenda que no puede pasar desapercibida para el Gobierno ni para el sector privado. Por ello, resulta positivo que voceros de la CADE empresarial hayan participado en la CADE Universitaria, y reconozcan que tan importantes propuestas muchas veces no son asimiladas por los gobiernos. Otro logro es que a partir de este año se comprometan a hacer un seguimiento exhaustivo de las conclusiones adoptadas en este tipo de conferencias, para verificar que tengan eco en las entidades planificadoras del país y en la formulación de las políticas públicas.
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