4.6.09

Puno, un cuento de infierno

El infierno tan temido tiene, según la leyenda, temperaturas muy altas. Que yo sepa, no hay testigos al respecto. Enrique Santos Discépolo, el compositor argentino, lo llamó “el horno”. “Allá en el horno nos vamo a encontrar”, escribió en “Siglo veinte, cambalache”.

Pero a veces el infierno es el frío. Puno lo demuestra. Y no sólo Puno. Gran parte de la sierra arde de fiebre originada por el descenso de la temperatura.

Ayer, miércoles, Puno tuvo una temperatura de diez grados bajo cero; Juliaca, 17.5 bajo cero. En las zonas altas de Puno, el frío llega a 20 bajo cero.

Quienes más sufren las consecuencias son, para variar, los pobres y, entre éstos, los niños. Hay una causa de fondo: la desnutrición crónica. Y un agravante: la insuficiencia de abrigo.

Pero el factor mayor es la ausencia de una política de salud preventiva. La naturaleza no es enemiga del hombre. El antagonismo es del hombre contra el hombre. Es decir de los dueños del poder contra la mayoría del pueblo. En el Perú tenemos prueba prolongada y abrumadora.

Mientras el ministro de Salud, Óscar Ugarte, tiene puestos los cinco sentidos en la influenza A/H1N1, niños de Puno, Huancavelica, Junín y Pasco mueren de neumonía, es decir, de hambre.

El año pasado, ante la noticia repetitiva de niños muertos por frío en Puno, una amiga escandinava me decía: “En Suecia, Finlandia o Noruega el frío puede ser más intenso que en Puno, pero ningún niño sucumbe por el clima”.

Ocurre que allá los pequeños están bien alimentados y tienen, por tanto, buenas defensas. Cuentan, además, con ropa abrigadora y viviendas adecuadas.

Viví durante dos años en Moscú, donde la temperatura podía llegar en invierno a 20 grados bajo cero, mientras la nieve se extendía por montes, llanos, plazas, calles, y los abedules parecían esqueletos con ramas desnudas. Nadie perecía de frío, excepto los borrachines que se quedaban dormidos sobre las sábanas de hielo. Las viviendas tenían calefacción por medio de tubos de agua caliente y la ropa era abrigadora.

Precisemos que en la región andina no ha llegado aún el invierno. Esto quiere decir que la frigidez se va a acentuar y que se deben tomar medidas masivas de emergencia. Hay que llevar, rápido, ropas, frazadas, alimentos, medicinas, amor.

Señor ministro de Salud, ¿qué hacer? Emprender acciones decisivas, y olvidarse de echar a otros la culpa de la imprevisión y la desidia. Eso se puede deslindar después. Usted es el culpable, señor ministro, por acomodarse sin chistar al régimen y el sistema.

LA PRIMERA

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