13.6.09

Sánchez Cerro 2009

El presidente Alan García se parece cada vez más a Benito Mussolini, el ex socialista italiano que fundó el fascismo, o, para no pecar de europeizante, al sanguinario tirano Luis M. Sánchez Cerro.

Ayer incurrió en delirio, cuando afirmó en el Callao que había gente armada en la Estación número 6 de Petroperú en Bagua, donde fueron victimados 24 policías. ¿No sabía que hubo allí larga convivencia pacífica y pacto de no agresión, pacto que se rompió cuando los nativos se enteraron de la matanza de sus hermanos en la Curva del Diablo?

Hasta ese momento, los amazónicos sólo tenían lanzas y flechas, armas que manejan con destreza y puntería que los palaciegos desconocen.

No comulgamos con ningún acto de crueldad, pero menos aún creemos que deban ser ejercidos contra los más débiles, las etnias de la Amazonía.

Tenemos claro, eso sí, que los policías de la Estación eran inocentes. Pagaron la culpa de la inepcia del gran culpable: Alan García.

García acusa el golpe de la opinión pública internacional que denuncia su orden criminal contra el pueblo en Bagua. Por eso acude al recurso de lanzar un bumerán. Niega ser un genocida. Los genocidas son, dice, los nativos, a quienes insulta, llamándolos asesinos.

El criminal de El Frontón y de Bagua no tiene quien le crea.

García padece de alarmante amnesia. Ha olvidado todos los principios antiimperialistas y agraristas del Apra inicial.

Hasta sus promesas electorales más recientes las ha lanzado al olvido. Dijo ayer que en Bagua se había cometido un genocidio contra policías.

García debería leer el primer tomo del libro del líder aprista arequipeño Roy Soto Rivera, Víctor Raúl. El hombre del siglo XX, página 221. Allí se narra un episodio que ocurrió en la cárcel de Trujillo durante la insurrección aprista de 1932:

“En el interior (de la cárcel) permanecieron amontonados los cadáveres de diez oficiales, un soldado de artillería, quince policías y veinticinco civiles”.

Esas víctimas eran prisioneros. Por cierto que el Apra culpa a desconocidos de la matanza. Más cierto aún es que la venganza de la derecha fue desmesurada y ciega. Su barbarie inauguró una década de guerra civil.

El discurso de García continúa la línea de ofrecer diálogo, pero con una condición: no derogar ni modificar los Decretos Legislativos antiamazónicos y antiperuanos.

Ahora reafirma que los decretos son intocables.

Además, sin duda, no va a dialogar con “asesinos”, a los cuales habrá metido previamente en la cárcel o la tumba.

“En adelante la policía tendrá que tener mano más dura”, amenaza el Sánchez Cerro del siglo XXI.

Con el apoyo de Unidad Nacional y del fujimorismo, García promete así más sangre. Es insaciable.

No deseo a García el horrendo final de los fascistas Mussolini y Sánchez Cerro. La cárcel bastaría.

LA PRIMERA

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