La desaceleración económica, bastante más pronunciada que lo esperado, está causando preocupación en algunos círculos gubernamentales y los está llevando nuevamente a cuestionar los filtros de control del gasto, como es el caso del famoso SNIP. El objetivo del Gobierno es recuperar el crecimiento y ha cifrado toda su esperanza para lograrlo en un aumento del gasto público. Por ello, se exaspera al ver que algunos sectores estatales no lo están ejecutando con la rapidez que ellos estaban esperando.
Sin embargo, la inversión pública en los primeros seis meses muestra un incremento del 30%, alta velocidad que definitivamente se va acelerar aun más. Esto último debido a que las medidas que se dictaron a inicios de año para mejorar la ejecución presupuestal toman unos seis meses en trasladarse a un mayor gasto efectivo y real. Así que, inevitablemente, el nivel del segundo semestre será mucho más elevado.
De cualquier forma, siempre es adecuado revisar procedimientos y eliminar cuellos de botella burocráticos que se hayan identificado, así como acortar plazos e introducir silencio administrativo positivo en los procesos. Lo que no se debe hacer, de ninguna manera, es retirar el control inicial de calidad de la inversión, ya que tenemos innumerables ejemplos a lo largo de nuestra historia de obra pública estrafalaria e innecesaria cuyo único objetivo era gastar el dinero del contribuyente en costosas y cuestionadas licitaciones. Por lo tanto, mantener el filtro inicial es fundamental.
Por otro lado, parece extraño que el Gobierno ponga todo el énfasis en la inversión pública, que representa solo el 4% del PBI, cuando la inversión privada –que es más de cinco veces superior– se ha paralizado debido al pesimismo en que ha caído el empresariado. Tendría mucho más lógica y sería bastante más rentable para el Estado promulgar medidas concretas que mejoren la competitividad empresarial para revertir esa falta de entusiasmo. De esa manera se podría recobrar el dinamismo privado, que fue el gran generador del crecimiento de los últimos años.
Finalmente, es bueno recordar que siempre se levantan suspicacias cuando los gobiernos se desesperan por gastar el dinero de sus ciudadanos a medida que se van acercando al final de su mandato. Por ello no tenemos duda alguna sobre la necesidad de mantener los controles al gasto.
PERU 21
Sin embargo, la inversión pública en los primeros seis meses muestra un incremento del 30%, alta velocidad que definitivamente se va acelerar aun más. Esto último debido a que las medidas que se dictaron a inicios de año para mejorar la ejecución presupuestal toman unos seis meses en trasladarse a un mayor gasto efectivo y real. Así que, inevitablemente, el nivel del segundo semestre será mucho más elevado.
De cualquier forma, siempre es adecuado revisar procedimientos y eliminar cuellos de botella burocráticos que se hayan identificado, así como acortar plazos e introducir silencio administrativo positivo en los procesos. Lo que no se debe hacer, de ninguna manera, es retirar el control inicial de calidad de la inversión, ya que tenemos innumerables ejemplos a lo largo de nuestra historia de obra pública estrafalaria e innecesaria cuyo único objetivo era gastar el dinero del contribuyente en costosas y cuestionadas licitaciones. Por lo tanto, mantener el filtro inicial es fundamental.
Por otro lado, parece extraño que el Gobierno ponga todo el énfasis en la inversión pública, que representa solo el 4% del PBI, cuando la inversión privada –que es más de cinco veces superior– se ha paralizado debido al pesimismo en que ha caído el empresariado. Tendría mucho más lógica y sería bastante más rentable para el Estado promulgar medidas concretas que mejoren la competitividad empresarial para revertir esa falta de entusiasmo. De esa manera se podría recobrar el dinamismo privado, que fue el gran generador del crecimiento de los últimos años.
Finalmente, es bueno recordar que siempre se levantan suspicacias cuando los gobiernos se desesperan por gastar el dinero de sus ciudadanos a medida que se van acercando al final de su mandato. Por ello no tenemos duda alguna sobre la necesidad de mantener los controles al gasto.
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