16.7.09

La muerte está rondando

Por: Beatriz Boza

Alberto Andrade Carmona murió el 19 de junio; Michael Jackson, Farrah Fawcett y Alicia Delgado el 25. El salsero Julio Barreto murió el 4 de julio, Marco Antonio Gallego la noche del miércoles pasado y Elvira Travesí ayer. Son muertes de personas conocidas, en algunos casos con quienes crecimos, nos divertimos o quizá nos identificamos, queridas por muchos. Muertes trágicas; en algunos casos, asesinatos truculentos. Muertes sentidas, ausencias que generan congoja, dolor y mucha tristeza. Es que son muertes con rostro mediático. Como la noticia de este Diario el domingo pasado, que presenta en portada la tumba de Harry Potter. Muchos han sentido y sufrido esas muertes como cercanas, porque son muertes mediáticas.

Es curioso, en Bagua murieron 33 peruanos, la gripe AH1N1 ya registra siete muertes en el país, por accidentes de tránsito hasta abril ya han fallecido más de 140 personas solo en Lima, y 52 niños murieron por frío en Puno.

En nuestro país, 17 niños de cada mil no llegan a cumplir un año (comparado con siete en Estados Unidos y ocho en Chile).

Registramos 190 muertes durante el parto (ocho en Estados Unidos y 20 en Chile), tenemos más de 3,5 millones de pobres extremos y 10 millones de peruanos viven en situación de pobreza, pero al parecer nos hemos acostumbrado a ello.

A diferencia de las muertes con rostro conocido, es como si experimentásemos una total desconexión emocional con ese “otro” a quien no conocemos, pues no está en nuestro entorno. Hemos despersonalizado sus muertes y asumimos la pobreza como algo normal. Por eso no importan. Son solo estadísticas.

Si no lo sientes, no lo puedes asumir como propio. Y el gran desafío que tenemos como sociedad es que incluso el sentimiento no te lleva a la solución porque para llegar a esos miles de desconocidos requerimos una acción estatal eficaz en todos los niveles de gobierno, especialmente en el más cercano a la población y quizás más lejano a la modernidad: el centro poblado alejado. Ello no nos exime a los citadinos de responsabilidad.

La preocupación por el “otro” se practica a diario, en la combi cuando vemos que a otro le roban y no hacemos nada, cuando paramos el taxi a media calle, cuando preferimos no denunciar al corrupto o quedarnos callados para llevar la fiesta en paz. Con pequeñas acciones cotidianas podemos ponerle coto a esa muerte que nos está rondando.

EL COMERCIO

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